domingo, 8 de diciembre de 2013

Estudio de estimación del impacto y prevalencia de la violencia sexual contra mujeres adolescentes en un distrito de la Amazonía peruana

La violencia sexual contra las mujeres aparece en la Amazonía peruana como una práctica extendida y constante, de alta prevalencia, pero con un severo problema de subregisto. Esta investigación muestra la importancia del fenómeno de la violencia respecto al embarazo de mujeres adolescentes en el distrito y caserío de Mazán, al noroeste de la Amazonía peruana. Se demuestra que si bien el embarazo está asociado al desconocimiento e inaccesibilidad de métodos anticonceptivos y a barreras de educación en salud, la violencia resulta también una variable muy importante para explicar ese fenómeno.
La alta prevalencia de la violencia sexual contra niñas y adolescentes es hoy una evidencia en muchas partes del mundo (Jewkes, Sen & Garcia-Moreno, 2002; Krug, 2002). Las heridas,
hematomas y laceraciones diversas; pero también el contagio de infecciones de transmisión sexual y los embarazos no deseados son consecuencia de este fenómeno que parece tener un gran
impacto en la salud pública.
A su vez, el embarazo adolescente es uno de los fenómenos que explica el aumento de la población (Langer, 2005); pero también resulta, en el Perú, un fenómeno asociado a la deserción
escolar (INEI, 2012a), a las dificultades de incorporación a la población económicamente activa y al trabajo decente (OIT, 2010). Además, el embarazo de las adolescentes parece mostrar
cierta relación con el círculo de la pobreza (UNFPA, 2005; DAW, 2005).


1.- Datos comparados de la violencia sexual contra las mujeres: prevalencia y subregistro

“La Organización Mundial de la Salud estimó que en el año 2002, 150 millones de niñas y 78 millones de niñas, niños y adolescentes en el mundo habían experimentado una relación sexual coaccionada, u otro tipo de violencia sexual que implicó un contacto sexual, y que una tercera parte de las adolescentes en el mundo había iniciado su vida sexual de manera forzada” (OMS, 2004:2).
Es una evidencia que la violencia contra las mujeres (y en particular la violencia sexual) es un problema grave y extendido.
Una gran cantidad de investigaciones en diversas partes del mundo, a finales del siglo XX, mostraba que:
“entre el 10% y el 52% de las mujeres había sufrido maltrato físico por parte de su pareja en algún momento de su vida, y entre el 10% y el 30% había sido víctima de violencia sexual por parte de
su pareja. Entre el 10% y el 27% de las mujeres declaró haber sido objeto de abusos sexuales, siendo niñas o adultas” (OMS, 2005: 2).16 Estudio de estimación del impacto y prevalencia de la violencia sexual. Si bien hay matices, la Organización Mundial de la Salud (OMS) indica que la categoría “violencia sexual”3 puede ser entendida como:
“todo acto sexual, la tentativa de consumar un acto sexual, los comentarios o insinuaciones sexuales no deseados, o las acciones para comercializar o utilizar de cualquier otro modo la sexualidad de una persona mediante coacción por otra persona, independientemente de la relación de ésta con la víctima, en cualquier ámbito, incluidos el hogar y el lugar de trabajo” (OMS, 2002: 161).





2.- La situación y la prevalencia de la violencia sexual contra las mujeres en Loreto y Mazán según los datos oficiales:

Si bien la amplia categoría “violencia sexual” implica diversos tipos de prácticas, la concentración de estos delitos refiere a tres formas que permiten un registro más o menos organizado:
violaciones sexuales, violencia sexual doméstica y familiar, y explotación sexual y trata asociada a la explotación sexual (OMS, 2003: 28-29). ¿Cuál es el panorama respecto a estos fenómenos?
Existen diversos problemas en la cuantificación: un escaso volumen de denuncias, una cifra oculta probablemente muy grande y una alta tolerancia a estas prácticas. Esta situación parece hacerse más intensa en espacios locales rurales y periurbanos, entre otras razones por la ausencia de condiciones materiales para la denuncia y por la escasa presencia institucional del Estado.

3.- La situación de la violencia sexual contra las mujeres en Mazán a través del contraste de los datos de campo y las cifras oficiales

El porcentaje de victimización declarado relacionado con delitos sexuales implica una cifra considerablemente alta en el distrito de Mazán: 79% de las mujeres de la encuesta (ver notas de pie de página 1 y 2) que tenían entre 18 y 29 años indican haber sido víctimas de violencia sexual en algún momento de su vida (lo que incluye acoso y relaciones sexuales bajo coacción) y 68% de las mujeres indican que han sido víctimas de una agresión sexual cuando eran menores de 18 años (35% violaciones, 23% alguna forma de “tocamiento indebido”, 10% alguna forma de explotación sexual comercial). Así, per se, la encuesta muestra una amplia cantidad de mujeres entre 18 y 29 años que declaran haber sido víctimas de violencia sexual.

4.- La relación de la violencia sexual con el embarazo adolescente en Mazán

¿En qué fenómenos impacta la violencia sexual? Es evidente que la violencia genera, profundiza o perpetúa un sistema de dominación y desigualdades diversas, ocasiona daños a la salud
física y mental, genera problemas en la construcción de espacios de igualdad, etcétera. Sin embargo, algunos elementos tangibles del impacto de la violencia se evidencian en fenómenos como el embarazo o el contagio de ITS (Miller, 1999). ¿Hay relación entonces entre la violencia sexual contra las mujeres adolescentes y el embarazo adolescente? ¿Cuál es la situación de este fenómeno?Hay un registro oficial sobre la edad promedio de inicio de la actividad sexual y edad del primer embarazo y parto que recoge la Encuesta Nacional de Salud ENDES (INEI, 2012a). Así, el
embarazo adolescente está relacionado con la edad de inicio de la vida sexual (que es un factor importante para explicar el fenómeno). Según estas cifras, en el año 2011, la edad promedio de la primera relación sexual de la mujeres peruanas que para eseaño tenían entre 20 y 49 años fue de 18.7 años. Diez años atrás, en el año 2000, ese promedio fue de 19.1 años.13.
En el departamento de Loreto, esa edad es aún más baja que la del promedio nacional: la edad media en la que las mujeres loretanas que actualmente tienen entre 20 y 49 años tuvieron su
primer encuentro sexual es de 16.6 años. Así, se puede constatar que sin importar la edad de las mujeres durante la encuesta, todas las generaciones tuvieron un inicio de su vida sexual durante
la adolescencia, manteniéndose desde hace tres generaciones alrededor de 16.5 años según la ENDES. Esta edad no se encuentra alejada de la media de inicio de la vida sexual de los
departamentos de la franja Amazónica, la cual es de 16.9 años.

concluciones:

Primera conclusión. Hay una amplia prevalencia de la violencia contra las mujeres en Mazán, tanto que 79% de las mujeres de la muestra (que actualmente tienen entre 18 y 29 años) declaran haber sido víctimas de violencia sexual en algún momento de su vida. De estas, 68% indican que han sido víctimas de violencia sexual cuando eran menores de 18 años y, sobre este universo, el 72% fue víctima de la primera agresión sexual entre los 14 y 17 años. Estos datos ponen en evidencia un problema extendido y prevalente concentrado en las adolescentes mujeres, y corroboran y superan los datos reportados por la información de la Policía Nacional (Mujica, 2011) y las estimaciones del Sistema de Naciones Unidas (ONU Mujeres, 2012; UNIFEM, 2009). Así, 8 de cada 10 mujeres de esa zona declaran haber sido víctimas de violencia sexual a lo largo de su vida (+2 que en la estimación de Naciones Unidas).
Segunda conclusión. Los datos del trabajo de campo muestran que el 78% de las mujeres del distrito de Mazán entre los 18 y 29 años declaran que han iniciado su vida sexual antes de cumplir
los 18 años (75% entre los 14 y 17 años, 3% entre los 9 y los 13 años de edad), lo que muestra una cifra menor a la reportada por la ENDES (INEI, 2012a) y corrobora los datos de los estudios de García (2005), Cáceres (2000), Singh, Wulf, Samara & Cuca (2000) y de The Alan Guttmacher Institute (1998) que muestran que el inicio sexual en América Latina y en muchas regiones del

mundo se produce en la adolescencia.

martes, 3 de diciembre de 2013

LA TEOLOGÍA DE LA LIBERACIÓN


Introducción
¿Quién de nosotros no se ha conmovido al contemplar en nuestras ciudades los cinturones de miseria en los que viven multitudes en condiciones infrahumanas?, ¿quién no ha sentido pena al ver deambular por las calles a indígenas desarraigados tratando de sobrevivir vendiendo lo que sea y llevando tras de sí, invariablemente, dos o tres chiquillos famélicos...?
En nuestra patria, tan rica en posibilidades viven millones en extrema pobreza, en caseríos diseminados a lo largo y ancho de nuestro territorio sin la menor esperanza de un futuro mejor. Cuántos deben abandonar sus lugares de origen para tratar de ir "al otro lado" en ese vergonzoso espectáculo de los indocumentados expuestos a toda clase de peligros por parte de los "polleros" y otros explotadores, porque en México no tienen oportunidades de progresar.
¿Por qué tienen que organizar "marchas" extenuantes y plantarse sea en el zócalo de la capital o ante Los Pinos para ser escuchados?, ¿Por qué existe el triste espectáculo del ambulantaje que invade incontrolablemente las ciudades dañando al comercio establecido, favoreciendo la piratería, la venta de artículos robados en los asaltos a mano armada a los trailers, comerciantes ambulantes, ellos mismos explotados por corruptos líderes y hasta por las autoridades coludidas con un sistema podrido hasta sus raíces...?
Es entonces que cualquier corazón bien puesto se rebela en contra de la injusticia integral, de la corrupción total, de la explotación del hombre por el hombre, de sistemas políticos y económicos factores de insultantes y terribles desigualdades. ¿Cómo remediar tanta injusticia?, ¿cómo proporcionar a los pobres las oportunidades de sobrevivencia honesta?, ¿cómo corregir el rumbo social desviado desde hace decenios o siglos?
Surge la tentación de radicalizarse con las "izquierdas" y adoptar aquella ideología que promete un cambio de estructuras sociales de una vez para siempre: el marxismo. Obispos, teólogos, sacerdotes y laicos católicos, han tratado de lograr el anhelado cambio en la llamada TEOLOGÍA DE LA LIBERACIÓN, que analizaremos en el presente estudio.

Origen de la Teología de la liberación.
Siendo la TEOLOGIA la ciencia que estudia "las cosas de Dios" y la palabra LIBERACIÓN significando lo más preciado para el hombre: la libertad, parecería que las dos palabras juntas significarían algo bello, sumamente bueno y deseable, pero veremos cómo la realidad de esta expresión es muy diferente.
La Teología de la Liberación tuvo su origen en Europa. Desde 1917 Walter Rauschembusch, teólogo alemán con fuerte influencia marxista, lanzó las ideas iniciales en su libro "Una Teología para el Evangelio Social". Después otros teólogos principalmente protestantes, alemanes y holandeses, desarrollaron la "Teología de la Esperanza".
Al final de la II Guerra Mundial, la iglesia Católica Holandesa era tan conservadora como cualquiera otra de Europa, pero empezó a hacer experimentos con la "democracia eclesiástica" llegando al concilio Vaticano II con proposiciones reformistas muchas de las cuales fueron inaceptables y rechazadas.
Después del concilio apareció el controvertido "Catecismo Holandés" que ponía como discutibles asuntos el celibato sacerdotal o la infalibilidad del Papa, entre otras cosas. La ola del liberalismo en la década de los sesentas trajo como consecuencia una dolorosa deserción de sacerdotes y religiosos y una dramática reducción de vocaciones de la que apenas parece se están reponiendo algunas Diócesis fuera de Europa.
En el mes de mayo de 1985 S.S. Juan Pablo II visitó por 5 días a Holanda y pocos viajes de su Santidad han provocado tantos problemas, poniendo de manifiesto no solo la intolerancia protestante sino las dificultades internas de una Iglesia Católica profundamente dividida en dos bandos: conservadores y progresistas.
En América Latina
Pero es realmente en América Latina en donde la teología de la liberación adquirió verdadera fuerza, debido principalmente a misioneros holandeses y españoles y de una manera muy especial al sacerdote peruano Gustavo Gutiérrez y a sus seguidores Clodovis y Leonardo Boff, sacerdotes brasileños. Las principales obras de los hermanos Boff son "Eclesionesis, las comunidades de base reinventan la Iglesia" y "Teología de lo Político". Leonardo fue condenado al silencio en mayo de 1985 por el Vaticano, prohibiéndole toda enseñanza sea oral o escrita.
Otro sacerdote radicalizado fue Hugo Assman, que no solamente abandonó el sacerdocio sino que se hizo protestante y en la república de San Salvador el sacerdote jesuita español Jon Sobrino.
Hija legítima de la teología de la liberación, es la llamada "Iglesia Popular" muy activa en Nicaragua y condenada extensamente por la conferencia episcopal de América Central en el libro titulado "Juan Pablo II en América Central; balance de una visita".
Es indudable que las conclusiones a las que llegaron las conferencias episcopales de Medellín, Colombia, en 1968 y de Puebla, México, en 1979, fueron fuertemente influenciadas por los teólogos de la liberación acerca de la "opción por los pobres y jóvenes", dando así un fuerte impulso a sus seguidores.
Algunos califican a Medellín como la "matriz" de este movimiento (Vicente Mariano en su libro "Continuidad y Evolución del Magisterio en torno al comunismo, socialismo y marxismo).
Algunos esperaban que la conferencia de Puebla fuera más allá de Medellín, pero Juan Pablo II, bien conocedor y víctima del marxismo, se encargó de poner las cosas en su sitio cuando en su discurso en la Basílica de Guadalupe dijo con muy fuerte voz a obispos y sacerdotes que abarrotaban el Santuario: "sois sacerdotes y religiosos, no sois dirigentes sociales, líderes políticos o funcionarios del poder temporal", arrancando una impresionante ovación entusiasta de los asistentes.
La opción de la Iglesia por los pobres fue matizada con la palabra "preferencial", cosa que decepcionó a los teólogos de la liberación ya que la "opción preferencial" ya no es exclusiva ni excluyente. A los radicales, por definición, no les gustan los matices.

El lenguaje ambiguo
Al estudiar la teología de la liberación, hay que tener mucho cuidado con el significado que se quiere dar a las palabras, ya que usando términos cristianos, se expresan conceptos enteramente distintos y hasta contradictorios. Es toda una estrategia que hay que discernir para no verse envuelto cándidamente en ideologías equivocadas.
Ejemplo de esto es precisamente la palabra "liberación" que usan como sinónimo de "salvación" al mismo tiempo que distorsionan el concepto. La salvación del hombre ya no es como la Iglesia nos ha enseñado, el triunfo final del hombre al entrar al cielo, sino la liberación de la clase oprimida al vencer a los opresores, o sea, los ricos.
Al hablar de "Cristo Liberador" ya no están hablando de nada trascendente, sino de Jesús como un caudillo temporal, algo así como un Simón Bolívar con pelo largo. Consecuentemente la palabra tan importante "Redención", pierde su significado espiritual para ser un hecho sociopolítico; un proceso político al que la filosofía marxista proporciona las líneas esenciales. La fe se transforma en "práxis" (práctica), acción "redentora" en el proceso de la liberación.

Una "re-lectura" de la Biblia
Aquel dicho de que "Nada es verdad ni mentira, todo depende del color del cristal con que se mira", es una de las fallas de la teología de la liberación, porque presionados emocionalmente por la pobreza y las injusticias y animados por las teorías marxistas, se recurre a la Sagrada Escritura pero oyéndola "desde los pobres".
Así entresacan e interpretan todos los pasajes bíblicos relacionados con el binomio "opresión-liberación" para darle a su ideología tintes cristianos. Del Antiguo Testamento hacen mucho hincapié en la liberación del pueblo elegido de la opresión faraónica en el libro del Exodo. Es cierto que Dios liberó a Israel de una servidumbre política, pero no para un fin político, sino para que libres y sin impedimento político alguno, se unieran más a Dios por una alianza sellada en el Sinaí para servir a Yahvé y merecer la tierra prometida.
Cuando más tarde, en castigo por sus pecados principalmente de idolatría fueron llevados cautivos a Siria y Babilonia, Dios los liberó en tiempos de Ciro el Persa con fines religiosos: reconstruir el templo y ser adorado en él.
La palabra liberación aparece en muchos Salmos, pero ya se trate de enfermedades, de males materiales, espirituales o de enemigos físicos, siempre el trasfondo es espiritual.
Por lo que se refiere a los profetas, es cierto que en muchos lugares de la Biblia, los pobres claman justicia en contra de los ricos, los opresores y explotadores, pero siempre en relación con Dios. La justicia humana es inseparable de la justicia Divina. Dios, tanto en los Salmos como en los profetas, es quien se muestra defensor y liberador de los pobres. "Ni de la izquierda, ni de la derecha me vendrá la salvación, sino de lo alto".
Del Nuevo Testamento traen como prueba para sus fines principalmente tres versículos del Cántico de la Virgen María, el "Magnificat":
"Desplegó (Dios) el poderío de su brazo
dispersó a los soberbios de corazón,
derribó del trono a los poderosos,
enalteció a los humildes.
A los hambrientos los colmó de bienes
y a los ricos los despidió vacíos" (Lc.1,51-53)
Tales versículos son paralelos con otros lugares de los Salmos y de los Profetas y expresan lo mismo que Jesucristo predicó varias veces en el Evangelio: que humillaría a los soberbios y levantaría a los humildes, pero de ningún modo se refiere a un enfrentamiento entre ricos y pobres.
Las Bienaventuranzas no tienen ningún sabor político. No contraponen a pobres y ricos; por el contrario, suponen un cambio, una renovación interior, una conversión del corazón. La dicha es proclamada para los pobres con tal de que la pobreza brote del espíritu. La liberación más profunda, más urgente, aquella del mal mayor que es el pecado, no exige ningún cambio político.
El campo del pecado no se limita a estrecheces económicas o a estructuras sociales. Sus raíces están en el corazón del hombre que libremente debe cambiar no por medios violentos sino por una transformación interior por medio de la gracia.
Con esa "re-lectura" de la palabra de Dios, con un atrevimiento insólito, se replantea una nueva religión: la "religión del pueblo", profesada por otra nueva iglesia, la "Iglesia Popular". Aquí nada más recordaremos dos puntos consecuencia de esa interpretación; otros más radicales los mencionaremos cuando expliquemos y demostremos su conexión con el marxismo.
1. La Redención obrada por Jesucristo pierde su fin principal que es la salvación de las almas y pasa a ser una salvación meramente terrenal: la liberación de los pobres de las opresiones políticas y económicas.
2. El Evangelio pierde su carácter espiritual y sobrenatural para convertirse en algo puramente mundano. Con razón la Santa Sede en su documento "instrucción sobre algunos aspectos de la Teología de la Liberación" concluye drásticamente diciendo:
"La teología de la liberación propone una interpretación nueva del contenido de la fe y del verdadero cristianismo. Se aparta gravemente de la fe y de la Iglesia; aún más, constituye la negación práctica de la misma".

Las bases del marxismo
1. En el materialismo histórico como un dogma, Carlos Marx decide que Dios no existe, niega la inmortalidad del alma y en consecuencia todas las religiones deben ser abolidas. La historia de la humanidad se desarrolla ciegamente por causas económicas y estructuras opresivas.
2. La propiedad privada de los medios de producción es un robo, por lo que se impone el "comunismo" o sea la propiedad comunitaria de tierras y fábricas.
3. Lucha de Clases: la única manera de cambiar las estructuras injustas es la lucha de clases: proletariado contra capitalistas.

El rotundo fracaso del marxismo
Con los eventos políticos de 1989 (derrumbe del muro de Berlín, desmembramiento de la Unión Soviética), cambió igualmente el escenario teológico. Hasta entonces el marxismo había sido considerado como una fórmula aparentemente válida para la correcta configuración de la acción histórica. Presuntamente poseían el método estrictamente científico que sustituía la fe con la ciencia y la praxis. Todas las promesas de la religión podían llegar a ser una realidad con una praxis política científica.
Pero la aplicación de estos métodos no había conducido a la Unión Soviética y países sino a una pérdida radical de libertad y al empobrecimiento dramático de aquellos que se intentaba "redimir". Apareció ante el mundo el fracaso científico, político, económico y social del marxismo.

Teología de la liberación y marxismo
Evidentemente, el ateísmo de Marx no es compatible con ninguna teología, pero habiendo aceptado como un hecho científico el análisis histórico de Carlos Marx, los teólogos de la liberación, adoptan la lucha de clases para obtener sus fines.
Para ellos la  doctrina social de la Iglesia es tan solo "reformista y no revolucionaria" y por lo tanto la desprecian por inadecuada e ineficaz. La única solución viable es la lucha de clases.
Ya dentro del pensamiento marxista, la teología de la liberación se ve forzada a aceptar posiciones y situaciones incompatibles con la visión cristiana del hombre, porque el que admite una parte del sistema, tiene que admitir la base en que este sistema se funda y el marxismo se apoya en los siguientes principios o normas:
1. Su doctrina es inseparable de la práctica, de la acción y de la historia, que está unida a la práctica. La doctrina y la práctica son un instrumento de combate revolucionario. Este combate es cabalmente la lucha del proletariado contra los capitalistas. Sólo así cumplirán su misión histórica.
2. Unicamente el que participa en esta lucha “toma partido por la liberación del oprimido y cumple su misión histórica”. La lucha es una "necesidad objetiva". Negarse a participar o permanecer neutral, es ser cómplice de la opresión. En este punto su pensamiento es clarísimo: "Forjar una sociedad justa, pasa necesariamente por la participación constante y activa en la lucha de clases que se opera ante nuestros ojos" (Gustavo Gutiérrez, "teología de la liberación" pág.355). "La neutralidad es imposible" (pág.355). Clovis Boff, por su parte en "Teología de lo político", pág.410, afirma: "La teología es objetivamente parcial y clasista."
3. Como la ley fundamental de la historia es la lucha de clases, es una ley universal y aplicable a todos los campos: político, social, religioso, cultural, ético, etc.

Consecuencias Inadmisibles en la Sociedad y en la Iglesia
1. La teología de la liberación pervierte, anula, el mensaje y la misión que Dios ha confiado a la Iglesia: la salvación para la vida eterna de la humanidad.
2. La Liturgia de la Misa se convierte en una celebración de un pueblo en lucha, fomentando el odio y la desunión.
3. Toma como base no el hecho de las diversas clases sociales, con sus desigualdades e injusticias, sino la teoría de la lucha de clases como ley fundamental.
4. Introduce en la Iglesia la lucha de clases: laicos contra sacerdotes; sacerdotes contra superiores y obispos; confrontación y desobediencia contra el Papa.
5. La historia de la salvación operada por Dios en la humanidad, se reduce a la liberación de toda opresión, aún a costa de la supresión del opresor. De ahí el apoyo a las guerrillas y al terrorismo.
6. El Reino de Dios consistiría en la liberación humana que se realiza dentro de la historia y produciría la redención del hombre por la lucha de clases; Juan Pablo I nos advirtió que el Reino de Dios no puede ser confundido con "el reino del hombre".
7. Se llega a identificar a Dios con la historia.
8. Las virtudes teologales toman otros significados: La fe sería "fidelidad a la historia"; la esperanza vendría a ser "la confianza en el futuro" y la caridad es la "opción por los pobres". De esta manera, se priva a estas virtudes de su carácter teologal (su relación directa con Dios) y se convierten en supuestas virtudes meramente humanas. Es la herejía del "horizontalismo".
9. Si la caridad se identifica con una radical "opción por los pobres", exige automáticamente la lucha de clases y por tanto ya no se puede amar a todo hombre sin importar su clase social ni se puede uno acercar a un rico por el camino del diálogo, de la persuasión en la paz. Los ricos son enemigos de clase a los cuales hay que destruir. El precepto universal del amor, solo existirá al fin en la "nueva humanidad", la que surgirá de la "revolución triunfante".
10. Consecuencia lógica de esta manera de pensar es la puesta en acción de la lucha de clases por medio de guerrillas y terrorismo, azote de muchos países latinoamericanos, que han costado tantas vidas inútilmente.
11. A la Iglesia se le considera simplemente como una realidad histórica, resultado de fuerzas socio-económicas, sin carácter sobrenatural.
12. La verdadera iglesia, según ellos, es la "Iglesia de los Pobres", en un sentido nota solo preferente sino excluyente. Es una Iglesia de clase, en oposición con la institución que conocemos.
13. La Eucaristía, por lo tanto, deja de tener sentido y de hecho la relegan a un segundo plano y la pervierten ideologizándola. ¿Cómo pueden participar en la Misa clases opuestas y enemigas? Ya no es la actualización del sacrificio redentor de Cristo, presencia real y donación, sino la celebración de un pueblo en lucha.
14. La bella definición del concilio Vaticano II de la Iglesia como "pueblo de Dios", se convierte en "Iglesia del pueblo" a secas, considerando al pueblo, obviamente, como la clase oprimida a la cual hay que concientizar e instruir para lanzarlos a la lucha libertadora.
15. De acuerdo con esta concepción de "Iglesia del pueblo", se  critica y ataca a la verdadera Iglesia no para corregir posibles abusos, sino atacando su misma estructura sacramentaly jerárquica, tal como la fundó Nuestro Señor Jesucristo.
Tanto la jerarquía como el magisterio son colocados con la clase opresora y dominante a la que hay que combatir. Llegan a decir que es el pueblo la fuente de los ministerios sagrados y que puede nombrar a sus ministros por elección popular, según las necesidades de la misión revolucionaria. ¡Nada menos que un sindicato más!
16. Dan a la muerte de Jesucristo una interpretación exclusivamente política, viéndola como el resultado de la lucha liberadora de Jesús contra la clase opresora. Pierde así la redención, su valor salvífico sobrenatural.
17. Los símbolos se interpretan de una manera diferente. Por ejemplo, mientras San Pablo ve en el Exodo la figura del bautismo que libera del pecado, los teólogos liberacionistas lo interpretan como un símbolo de la liberación política.
18. Los Sacramentos son "celebraciones del pueblo que lucha por su liberación". Se indoctrina al pueblo en este sentido por medio de homilías, cambios en la liturgia, etc... para que  tomen conciencia de clase y se les anima a la lucha contra la "clase dominante". Curiosamente, así la Iglesia viene a ser, según ellos, respecto a los pobres, lo que el partido comunista pretendió ser para los proletarios.
19. La escatología, el fin de los tiempos, es sustituida por el futuro de una sociedad sin "clases" como meta de la liberación en la que se habrá hecho verdad el amor cristiano, la fraternidad universal.
Síntesis de los errores
Todo este cúmulo de errores,  puede sintetizarse de la siguiente manera:
a. El error radical está en la interpretación de la Biblia "releyéndola desde los pobres" para sacar de ahí una praxis inspirada en el materialismo histórico debido a Marx, que niega la prioridad del ser sobre el hacer y por tanto de la verdad y del bien de la acción humana. Este principio es totalmente falso y no es demostrado ni demostrable.
b. La lucha de clases no solo es un error porque es contraria a la caridad, sino que está equivocada porque se le concibe como el motor ineludible y necesario de la historia, negando la libertad de la persona y su capacidad para dirigir dicha historia contando con la providencia Divina.
c. Además de negar o distorsionar verdades fundamentales como son Cristo, la Iglesia, los Sacramentos, etc. en la práctica conduce a someter a la Iglesia a una dirección política determinada, no solo ajena a su misión sobrenatural, sino comprometiéndola en una situación humana deplorable, ya que en el socialismo la persona no cuenta ni se le reconoce su dignidad de hijo de Dios y su destino eterno.

La verdadera solución al problema social
La Iglesia verdadera, la única, la fundada por Jesucristo, Madre y Maestra, nos ha iluminado en este estudio. En un célebre documento del 6 de agosto de 1984, "Instrucción sobre algunos aspectos de la Teología de la Liberación", se hace notar que llamar la atención sobre los errores contenidos en dicha teología, no quiere decir que la Iglesia se mantenga insensible y mucho menos apruebe la miseria y la injusticia de los pueblos. Muy al contrario, la Iglesia, guiada por el Espíritu Santo, iluminada por el Evangelio y por amor al hombre, oye el clamor de los pobres y acude en su ayuda con todas sus fuerzas.
La Iglesia tiene presente el compromiso de Medellín y Puebla de trabajar preferentemente, no exclusiva ni excluyentemente, por los pobres. Por eso, como tarea principal, obispos, sacerdotes y laicos, acudirán al llamado a trabajar ardientemente por la justicia. Los teólogos deberán colaborar con el magisterio al que reconocerán como un don de Cristo a su Iglesia y acogerán sus enseñanzas con filial respeto y obediencia.
La verdadera liberación, como lo afirmó el Papa en su discurso inaugural de Puebla, debe tener como fundamento una triple verdad: la verdad sobre Jesucristo, sobre la Iglesia y sobre el hombre, imagen de Dios, elevado a la vida Divina por la gracia Santificante, hijo de Dios y con un destino eterno.
El fundamento de la justicia radica en reconocer las relaciones del hombre con Dios, las que regulan las relaciones de los hombres entre sí. La lucha por la justicia y los derechos humanos, tienen como base la dignidad de cada hombre como hijo de Dios y por tanto los medios empleados deben respetar esa excelsa dignidad.
La iglesia rechazará siempre la violencia ciega y sistemática, venga de donde viniere. Es una ilusión creer (en contra de lo que la historia misma demuestra) que de la violencia surgirá la paz y la justicia.
El cambio anhelado de la sociedad no se ha producido ni se producirá por la violencia exterior, sino por el cambio del corazón del hombre, por una conversión interior. El cambio de estructuras, sin el cambio de los corazones, no producirá el "hombre nuevo", como lo hemos experimentado en nuestra patria con la independencia o con la revolución. Ninguna revolución violenta ha conducido a la justicia y al bienestar.
Los hechos contemporáneos (y contra los hechos no hay argumentos) nos muestran la verdad de la inutilidad de la violencia para lograr la libertad y la justicia social. En los Balcanes, en Africa negra, en Sudamérica, en nuestra propia patria, la violencia ha generado un estado peor que el que se quería remediar.
La lucha de clases como camino a la justicia es simplemente una tremenda falsedad, un mito que de aplicarse lo que hace es impedir la verdadera solución al problema de la miseria e injusticia.
¿Cuál es entonces el verdadero camino hacia la justicia? El que se ha descuidado o despreciado hasta ahora: la enseñanza social de la Iglesia. No solamente los teólogos y los católicos, sino todo el mundo, todos los que tienen que ver con asuntos laborales, económicos, políticos y sociales, deben estudiar a fondo esta doctrina, que tiene sus fundamentos en el pensamiento ya antiguo del  pueblo de Israel, en las enseñanzas de Jesucristo y del magisterio de la Iglesia desde los primeros siglos de su existencia.
Se sabe, por ejemplo que un año antes de que Marx publicara su famoso "manifiesto del partido comunista" en 1847, el Papa Pío IX por medio de la encíclica "Qui Pluribus" (1846), condenaba ya, entre otros errores al comunismo.
En 1891 León XIII expuso la doctrina social de la Iglesia en la Encíclica "Rerum Novarum". En ella no encontramos solamente ciencia humana, conocimiento de las realidades sociales sino también y sobre todo, la luz del Espíritu Santo que conduce a la Iglesia y quiere iluminar por medio de ella a la humanidad entera.
Juan Pablo II rescata para los tiempos actuales esta Doctrina editando en 1981 la formidable "Laborem exercens" y en el centésimo aniversario de la carta de León XIII, la "Centésimus Annus" e invita al mundo entero a estudiar y aplicar los principios sociales que Dios nos inspira. Abandonar, sin haberla estudiado, esta enseñanza para inspirarse en ideologías falaces desde el principio, es absurdo.
La literatura en esta área es abundantísima y sobre todo recomendamos el contacto con el IMDOSOC, Instituto Mexicano de Doctrina Social Cristiana, que imparte cursos completísimos y edita libros, videos, revistas y boletines magníficos. Su dirección es la siguiente: Pedro Luis Ogazón 56, Col. Guadalupe lnn. CP 01020 Tels.: 5661 3796 y 5661 4169.

LA JUSTICIA SOCIAL.
- La sociedad asegura la justicia social procurando las condiciones que permitan a las asociaciones y a los individuos obtener lo que les es debido.
 El respeto de la persona humana considera al prójimo como "otro yo". Supone el respeto de los derechos fundamentales que se derivan de la dignidad intrínseca de la persona.
 La igualdad entre los hombres se vincula con la dignidad de la persona y a los derechos que de ésta se derivan.
- Las diferencias entre las personas obedecen al plan de Dios que quiere que nos necesitemos los unos a los otros. Esas diferencias deben alentar la caridad.
 La igual dignidad de las personas humanas exige el esfuerzo para reducir las excesivas desigualdades sociales y económicas. Impulsa a la desaparición de las desigualdades inicuas.
 La solidaridad es una virtud eminentemente cristiana. Es ejercicio de comunicación de los bienes espirituales aún más que comunicación de bienes materiales.
Catecismo de la Iglesia Católica


La pedagogía de la ternura - alejandro cussianovich


Quizá debiéramos decir que es pedagogía siempre y cuando ésta sea asumida como una inevitable relación de poder, aunque lamentablemente no necesariamente revestido de amorosidad y expresión de la philía como diría Aristóteles, es decir cómo relación afectuosa entre pueblos. O en extraordinarias palabras de E.Morin, “La idea de amor no se haya circunscrita únicamente alrededor de la reproducción de la pareja, de la familia, del clan, de la nación: ha surgido como idea general, que expresa una ética propiamente humana-“amaos los unos a los otros”- y una exigencia orgánica de humanidad-“el género humano es la internacional”4 La ternura forma parte de las relaciones de poder entre el niño, la niña y sus progenitores, muy en particular con la madre. Es su relación primera y primaria con el mundo , casualmente con el adulto y con el adulto femenino. La madre es la matriz de origen, es la relación biológica bañada de afecto, de cariño. Es sin lugar a dudas la comunicadora privilegiada de un imaginario simbólico que marcará el proyecto personal de vida del niño, de la niña. Y es que la fuerza de este vínculo inaugural de la condición humana, es el fundamento de toda pedagogía que se quiera permanentemente crítica e innovadora de las demás relaciones humanas en el desarrollo de cada individuo y de sus colectivos de pertenencia. Ciertamente que la pedagogía tiene como irrenunciable tarea la de contribuir al desarrollo de cada individuo en cuanto autónomo, es decir, el acceso a lo que E.Morin llama el paso al autos.

La protección: un camino errático de la pedagogía de la ternura
 Poder que desde la Ternura se tiende a expresar como protección- e inexorablemente- cuando de niños y niñas se trata. Desde el pacto social de la modernidad en el que formalmente todos los seres humanos gozaban de los mismos derechos, en la práctica la mujer y la infancia quedaron excluidos como actores sociales, como válidos interlocutores en la política, en las cuestiones de carácter público. Sin embargo fueron asumidos sub especie de sujetos de protección por parte del estado y de la sociedad. La pedagogía toda estará -desde entonces con mayor fuerza justificatoria- marcada por este paradigma de la protección y el maestro será una especie de tutor, de protector del niño, niña que se le confíe. El episteme de la protección así entendida, deviene un factor de perversión de la práctica pedagógica revestida de ternura. Y es que la incoherencia entre una proclamación principista de igualdad del niño con los demás seres humanos y una desigualdad inocultable en el tejido social, favorece el recurso a expresiones de consideración, de trato y de afectuosidad para adulcorar la flagrante discriminación y exclusión de la infancia en el mundo adulto in toto. Por ello, hoy se ha reinstaurado, y no sin razón, el paradigma de la protección llamada integral, como el eje conceptual y práctico de la relación de la sociedad con la infancia y de la responsabilidad exigible al Estado.  
Es gracias al psicoanálisis que hoy sabemos mejor, y en esto la contribución de J. Lacan es fundamental como reto a desarrollarla, que la protección puede significar para el niño una de las experiencias más angustiosas de desamparo, por paradójico que ésto parezca. Podríamos decir que esto no es privativo del niño, aunque en la infancia pueda tener una significación más desgarradora.
Puede acontecer lo mismo con población adulta o anciana que en el crepúsculo de sus vidas experimentan la desprotección más cruel. Y es que devenir en objeto de beneficencia resulta en uno de los mayores desamparos.  
La Ternura, entonces, nos coloca ante otro epicentro en la relación adulto, adulta-niño, niña. Ambos estamos ante un cuarto elemento como diría Lacan, lo que hay detrás en el deseo de uno y otro, de una y otra.  Y es que los tres tiempos del que nos habla Lacan, el de la escucha, el de la comprensión y el de la conclusión, demandan una relación del adulto, adulta-niño-niña que no suprima o haga un collage inmaginaire, en palabras lacanianas, saltándose el comprender de ser así, la escucha se transforma en un simple oir –acción meramente fisiológica-y la conclusión, en una decisión arbitraria cuanto temeraria, por ello antipedagógica.


Si bien sentirse protegido deviene en una necesidad de sobrevivencia física y emocional, la sobreprotección puede preparar formas y estados de angustia y desamparo que incluso suelen ser resultado de nobles, pero equivocadas, expresiones de afecto. Pero se hace indispensable asumir avances que desde el psicoanálisis se han hecho en relación a lo que B.Bettelheim recordaba, “El niño necesita que se le dé la oportunidad de comprenderse a sí mismo en este mundo complejo con el que tiene que aprender a enfrentarse, precisamente porque su vida a menudo le desconcierta...”12 Dejarlo en la boca del cocodrilo, como Dupret señala recordando la imagen que utilizara Lacan, puede brindar una engañosa protección al niño y que de no mediar la intervención del padre o de quien haga sus veces, podría sumir al niño en una situación de insospechadas consecuencias no sólo comporta mentales, sino psíquicas.

INFORME SOBRE EL VIAJE DE POTORO

1.- Detalles, vivencias, una narración de todo lo vivido
Desde un principio que me disponía ha ir al viaje de Poroto, tuve algunos percances tanto con mi persona como familiares, pero a pesar de ello y un poco tarde salí rumbo a Poroto, llegue al paradero y tuve que esperar un lapso de 15 minutos, luego emprendí el viaje asía mi destino.
Por el camino mas allá de Laredo lo que me sorprendió es que la combi dio un desvió de la carretera y llegamos a un estilo de fundo en el cual de la combi descargaron 6 sazones de papas, lo cual me pareció totalmente admirable y sumamente irresponsable por parte del conductor, puesto que ese tipo de carga yo creo y pienso que no está permitido llevarla, mas aun sobre la cabina de la combi, con gran velocidad.
Luego de ello continuamos con el camino en el cual seguía bajando gente de la combi y con sus respectivas cosas, al mismo tiempo iba admirando cada paisaje que se me presentaba frente a los ojos, de la misma forma apreciaba los distintos pueblos pequeños que se divisiva desde la combi, de paso que tomaba fotos las cuales estarán adjuntas como anexos a este informe.
Cuando recién llegue a Poroto... me pasaron de largo porque me dijeron que irían hasta otro pueblo para q cuando regresen me dejarían en la entrada del mirador del mismo. Cuando llegue vi un despliego de un grupo de biodanza liderado por el profesor Lenin Cárdenas, llegue y inmediatamente me incorporaron, pero estaba un poco incomodo por la hora q llegue y también porque no pude llevar lo ofrecido q era la extensión y el equipo de sonido, porque no tenía como llevarlo dado q era muy grande.
Luego de ello regresamos a la plaza de armas, lugar en el cual nos organizamos para el pasa calles en el cual no me pintaron porque no alcanzo el tinte... y el show q se realizaría luego del almuerzo, enseguida realizamos el pasa calles, repartiendo volantes, trípticos, globos, abrazos y hasta besos.
Luego de ello fuimos a almorzar, momento en el cual unas amigas y un amigo nos juntamos y tomamos unas cuantas cervezas para aplacar el calor, pero de pronto paso tan rápido el tiempo q no nos dimos cuenta q ya tenias q ir a iniciar el show, en el cual era responsable de instalar mi laptop para la música que se pondría para dicha actividad. casi al final hicimos entrega de un peluche a cada niño hombre, pero lo muchos niños quedaron sin regalo y  es mas sin globos, dada a la falta de organización q hacía falta, tuve en varias oportunidades q pedir globos a los chicos de otro salón para darles a niños q estaban mirando tristes todos los globos.
Felizmente lo planeado se llevo a cabo en un 70% creo yo, a pesar q faltaron algunas cosas, como el rota folió y dalinas.
Terminando todo el show pasamos lista y me despedí de todos y decidí salir caminando hasta donde yo podía porque quería sentirme en contacto con el ambiente, de paso conocer, sentir, palpar el lugar y a la misma ves compre algunas cosas que los lugareños vendían en los caminos, hasta que se me acabaron las baterías de los celulares y ya no pude seguir tomando fotos y aparte ya se hacía de noche, espere hasta q paso una combi y regrese a Trujillo.

2.- Comentarios en relación al curso, a uno de los temas que ustedes elijan
Definitivamente el tema de machino y micromachismo es uno de los temas que más me llamaron la atención, porque recuerdo que mi madre y afuera eran víctimas de un micromachaismos perenne, luego con el transcurso de mi vida como q no quería recordar tales cosas, y ha medida q iba creciendo me alejaba de tales recuerdos, pero hasta q me enamore... y llego la depresión , pero aun seguía siendo el chico noble,  romántico, el que le gustaba hacer cartas de amor a los 18 años... volví a encorarme, me fallaron la decepción y confusión llego a mi vida conjuntamente con la depresión, luego de ello dije nunca mas alguien se burlara de mi y resurgió mi ego de hombre malo machista, creo yo que he tratado de sobrellevarlo en las clases pero no lo erradico del todo.
3.- ¿Que aprendizajes podemos llevarnos desde el curso?
Absolutamente ha sido un aprendizaje conjunto, puesto que los resultados se ven en la vida misma... en clase a clase q pasábamos, cada uno de nosotros... y que tenemos q ser solidarios y condescendientes con los demás, pero más aun con las mujeres, y con mucho mas énfasis si estas sufren algún tipo de violación física o psicológica.
4.- ¿Que aprendizajes podemos llevarnos desde lo personal?
Definitivamente el aprendizaje mas grande q pueda yo tener del curso es que tenemos q valorar a la mujer por encima de todas las cosas terrenales, puesto q ellas son las dadoras de vida... y que tratare de seguir informándome y poniendo en práctica los temas q tengo en mi poder para subsanar la herida q aun tengo, aplacar mi ego y tratar de ser el mismo de antes.


5.- Ponen fotos que pueden representar lo narrado por ustedes

“Promoviendo Paternidades basadas en los afectos, la equidad y la igualdad”

Podemos observa que el pensamiento de las mujeres todavía están en base a las  enseñanzas arraigadas de la sociedad machista donde la mujer es quien debe estar en la  casa a la espera del esposo como lo cita LUIS BONINO en su texto de micromachismos donde el hombre abusa del hecho que la mujer tiene ese “cuidado del prójimo” y del hecho que esta sea más maternal lo cual hace que el haga que la mujer se preocupes exageradamente por los demás olvidándose de ella misma  y anteponiendo a los demás por encima de ella, teniendo como consecuencia que sea tratada como un OBJETO el cual solo es para SERVIR A LOS DEMAS.

Según Marcela Lagarde cita en su texto que las mujeres desde que nacen y saben su género ya están predispuestas para ciertas actividades como  comento una  madre de familia dijo que el hombre debería dar más dinero para solventar sus gastos y así mejorar sus vidas,  otra dijo en voz baja si el hombre no se abastece debería dejar que la mujer trabaje para que esta le ayude con los gastos, pero esto según lo aprendido socialmente es NEGATIVO ya que le quitaría toda AUTORIDAD al hombre porque tendría que compartir ESE PODER con su esposa sintiendo que “ESPACIO” es invadido por una mujer.

sábado, 30 de noviembre de 2013

Masculinidad y equidad de género

Tradicionalmente, cuando hablamos de género, es frecuente circunscribirlo de manera automática a la situación de exclusión y subordinación a la que han estado sometidas y expuestas las mujeres en una organización social patriarcal como la nuestra, sin embargo, los estudios de género, comprenden también el estudio y preocupación por la situación del hombre y los procesos de construcción social de la masculinidad. 

El género puede entenderse como una categoría relacional, que refiere a como se construyen las identidades femeninas y masculinas, los significados sociales y culturales que les son atribuidos a partir de sus diferencias biológicas y como estas se materializan en la acción social sexualizada. 

Si bien es cierto, las mujeres han sufrido de manera directa los impactos del patriarcado y el sexismo, así como, su expresión y manifestación en formas como el machismo, la violencia, entre otros, y de que los hombres gracias a su condición de hombres y su apego a la expectativa social de una masculinidad hegemónica han garantizado su acceso al sistema de privilegios, (poder, riqueza, prestigio y conocimiento), también serán significativamente afectados por la organización social androcéntrica y falonarcisista que les es impuesta.

En nuestra dinámica social, a los hombres les ha sido concedida la actividad, la seguridad, la promiscuidad, la racionalidad, la fuerza, la delegación, la dominación, la autoridad, la violencia, la agresividad, la verdad, como elementos por naturaleza constitutivos de su condición de hombres, donde además serán considerados como personas justas, éticas y lógicas.

martes, 26 de noviembre de 2013

MONOGRAFIA: “EL PROBLEMA DE LA VIOLENCIA SEXUAL EN EL PERU”


FACULTAD DE HUMANIDADES

ESCUELA ACADEMICO PROFESIONAL DE PSICOLOGIA

 

 

 

 

 

MONOGRAFIA

“LA PROBLEMATICA DE LA VIOLENCIA SEXUAL EN EL PERU”

 

ALUMNOS

     CASTRO FLORES, NIXON JHON.

    GOICOCHEA NARRO, FIORELLA.

    GUITIERREZ MORI, SAULO RUBEN.

          ODAR PADILLA, JANYRA.

       TUESTA SANCHEZ, LIBERATO.

  VASQUEZ CARRANZA, JUAN IRWIN.

 

ASESOR

                                        LENIN CARDENAS

 

 

                                  LINEA DE INVESTIGACION

 

                                         BASICA – TEORICA

 

 

    TRUJILLO – PERU

2013

1.    TITULO

 

 

 

 

 

 

“LA PROBLEMATICA DE LA VIOLENCIA SEXUAL EN EL PERU”

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

                                         

 

2.     DEDICATORIA

 

Cuadro de texto: EL TRABAJO DE INVESTIGACION MONOGRAFICO LO DEDICAMOS A NUESTROS PADRES; A QUIENES DEBEMOS TODO LO QUE TENEMOS  EN ESTA VIDA.

A DIOS, YA QUE EL NOS DA LA PROTECCION, EL CUIDADO, EL AMOR Y LA VIDA, LA CUAL NOS MANTIENE UNIDOS Y FELICES.

TAMBIEN A NUESTRO QUERIDO PROFESOR LENIN, QUIEN ES NUESTRO GUIA EN EL APRENDIZAJE, DANDONOS LOS ULTIMOS CONOCIMIENTOS PARA NUESTRO BUEN DESENVOLVIMIENTO EN LA SOCIEDAD.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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3.    AGRADECIMIENTO

 

 

 

 

Cuadro de texto: ESTA MONOGRAFIA ES EL RESULTADO DEL ESFUERZO CONJUNTO DE TODOS LOS QUE FORMAMOS EL GRUPO DE TRABAJO. POR ESTO AGRADEZCO AL PROFESOR LENIN CARDENAS, A QUIEN LE DEBEMOS GRAN PARTE DE NUESTROS CONOCIMIENTOS, GRACIAS A SU PACIENCIA Y ENSENÑANZA QUIEN A LO LARGO DE ESTE TIEMPO HA PUESTO A PRUEBA NUESTRAS CAPACIDADES Y CONOCIMIENTOS EN EL DESARROLLO DE ESTA MONOGRAFIA LA CUAL HA FINALIZADO LLENANDO TODAS NUESTRAS ESPECTATIVAS. A NUESTROS PADRES QUIENES A LO LARGO DE TODA NUESTRAS VIDAS NOS HAN APOYADO Y MOTIVADO EN NUESTRA FORMACION ACADEMICA.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

4.    INDICE

 

CAPÍTULO I

LA VIOLACION SEXUAL

 

1.      La violencia contra las mujeres como  violación de los derechos humanos.

2.      Violación sexual

2.1. Tipos de conductas consideradas como violencia sexual

3.     La mujer como objeto sexual

4.     Consecuencias de la violencia sexual

CAPITULO II

LA VIOLENCIA SEXUAL EN EL PERU

 

  1. La situación de la investigación sobre violaciones sexuales en el Perú

1.1.               En qué instituciones se denuncian las violaciones sexuales

1.2.               La cantidad de denuncias sobre violación sexual en el Perú

1.3.               Los detenidos e inculpados por violación sexual

  1. El sexo y la edad de las víctimas en las denuncias por violación sexual en el Perú

2.1.               El sexo de las víctimas en las denuncias por violación

2.2.               Sobre la edad de las víctimas en las denuncias

2.3.               Las principales víctimas: mujeres menores de 18 años

2.4.               El estado de la víctima post-violación y su relación con el victimario

  1. Los vínculos previos entre el victimario y la víctima de violación sexual

3.1.               El tipo de relación con el victimario

3.2.               Sobre el número de perpetradores en una violación sexual

3.3.               El uso de la violencia y el estado de la víctima

 

CAPITULO III

 

DISCRIMINACIÓN Y VIOLENCIA CONTRA LA MUJER.

 

1. La morada.

1.2. La destrucción de la morada.

1.3. La supervivencia cotidiana.

1.4. Violencia directa y difusa.

1.5. Una reflexión: violación y abuso sexual en la calle y en la casa.

1.6. ¿nuevamente replegadas al espacio doméstico?

1.7. La violencia de género.

1.8. Patrones comportamiento y estereotipos de género en la ciudad.

2. El espacio urbano no es neutro.

3. Participación de los involucrados.

4. Políticas con perspectiva de género.

 

CAPÍTULO IV

LA VIOLENCIA QUE NO SE VE

 

     1. ¿cómo se hace invisible la violencia hacia las mujeres?

     2. Las situaciones de violencia que sufren las mujeres en las ciudades.

  3. Las consecuencias.

  4. Insuficiencia de los enfoques tradicionales de seguridad ante la violencia urbana contra las mujeres.

  5. ¿qué estrategias podemos construir entre todos y todas?

 

CAPITULO V

CÓMO HACER VISIBLE EL PROBLEMA

 

1. Compartir experiencias y asimilar conocimiento.

2. Elaborar participativamente las estrategias.

2.1. Sensibilización de la sociedad sobre la violencia hacia las mujeres.

2.2. Diseño, mantenimiento y mejoramiento del espacio público.

2.3. Articular y potenciar los mecanismos de participación y monitoreo.

3. Sensibilizar y capacitar.

3.1. Acompañando la reflexión de las mujeres.

3.2. Incidiendo en las autoridades locales.

3. Construcción de estrategias con perspectiva de género.

3.1. Influenciar en las políticas públicas locales.

3.2. Posicionar el enfoque de género mediante actividades de sensibilización y capacitación.

4.  Compromisos y avances con las autoridades locales.

4.1. Difusión de los resultados.

 

5. CONCLUSIONES

6. BIBLIOGRAFIA

7. ANEXOS

 

 

 

 

 

 

5.    INTRODUCCION

 

 

“La violencia es una constante en la vida de gran número de personas en todo el mundo, y nos afecta a todos y a todas de un modo u otro. Para muchos/as, permanecer a salvo consiste en cerrar puertas y ventanas, y evitar los lugares peligrosos. Para otros/as, en cambio, no hay escapatoria, porque la amenaza de la violencia está detrás de esas puertas, oculta a los ojos de los/las demás. Y para quienes viven en medio de guerras y conflictos, la violencia impregna todos los aspectos de la vida”

El problema de la violencia sexual es algo que involucra y exige el compromiso de muchas disciplinas y sectores para detectar y atender integralmente estos casos, dada la complejidad del problema. Se hace necesario denunciar los casos de violencia, incluyendo a los servidores públicos, ya que de no hacerse, se cae en delito de omisión.

La violencia contra la mujer y la niña es un importante tema de salud y derechos humanos. Tomando como referente la población femenina mundial, por lo menos una de cada cinco mujeres ha sido maltratada física o sexualmente por un hombre o varios hombres en algún momento de su vida. En muchos casos, incluyendo las mujeres embarazadas y las niñas jóvenes, son objeto de ataques graves, sostenidos o repetidos.

En todo el mundo, se ha calculado que la violencia contra la mujer es una causa de muerte e incapacidad entre las mujeres en edad reproductiva tan grave como el cáncer y es una causa de mala salud mayor que los accidentes de tránsito y la malaria combinados.

El maltrato de la mujer es condenado de hecho en casi todas las sociedades. El encausamiento y la condena de los hombres que golpean o violan a las mujeres o las niñas son poco frecuentes en comparación con el número de agresiones. Por lo tanto, la violencia opera como un medio para mantener y reforzar la subordinación de la mujer.

 



 

 

 

 



Todas las sociedades necesitan hacer arreglos para comprender la sexualidad, sus clasificaciones y los procesos que esta produce y desencadena. El filósofo francés Michael Foucault dedicó gran parte de su producción académica para demostrar cómo la sociedad ha disciplinado, reprimido, definido y re-definido el cuerpo sexuado de los seres humanos. “El cuerpo está en medio de relaciones de poder que operan sobre él: lo cercan, lo marcan, lo doman, lo someten a suplicio, le fuerzan a unos trabajos, le obligan a unas ceremonias, exigen de él unos signos” Este debate sobre “negociaciones de significado” sobre la sexualidad humana, las legislaciones de la mayoría de países de América Latina, el derecho penal y la doctrina que lo sustenta no reflejan ni de cerca, a nuestra comprensión actual de la violencia sexual. En la elaboración de los tipos penales es preciso utilizar términos estrictos y unívocos que acoten claramente a las conductas punibles, dando pleno sentido al principio de legalidad penal. En la práctica, solo hay que revisar los Códigos Penales de la región para constatar la existencia de lenguajes superpuestos, el uso de términos médico-fisiológicos en un tránsito progresivo hacia el terreno moralista plagado de valores como honra, virginidad, honor. Al exigir que estos valores sean portados en los cuerpos de las mujeres, desaparece la dimensión de exigibilidad de los derechos humanos simplemente porque el bien jurídico protegido son la honra, la virginidad o el honor, los sujetos jurídicos concretos.

En este campo, los significados sobre sexualidad, son absolutamente obsoletos y no dan cuenta ni de los avances a nivel teórico, ni de las nuevas corrientes en el derecho penal. Estos avances nos permiten acceder a una comprensión amplia de la violencia sexual, entendida básicamente como el ataque o la invasión al cuerpo de las mujeres, donde no existe una relación entre iguales que consienten. En el ejercicio de la violencia sexual se plasman relaciones de poder que se ejercen en el cuerpo de las mujeres. En esta nueva negociación de significados, las mujeres son sujetos de derechos con capacidad plena de exigirlos. La violencia sexual ejercida contra las mujeres por el hecho de ser tales, es una violación a los derechos humanos en la medida en que atenta contra derechos fundamentales como la integridad personal, la libertad, el derecho a decidir sobre el ejercicio de la sexualidad y la reproducción, entre otros. De esta manera, se convierte a la sexualidad y a la capacidad reproductiva de las mujeres y a sus cuerpos en un espacio sobre el que se perpetran las formas de violencia más brutales. La violencia sexual no se produce de una manera aislada o intermitente. Es una constante, que se presenta en todas las regiones del mundo, bajo las más variadas circunstancias, en regímenes democráticos, en conflictos armados, en el ámbito de lo privado y en el mundo de lo público. Es ejecutada por los más diversos actores, agentes del Estado, particulares, conocidos y desconocidos. La Declaración de las Naciones Unidas sobre la Eliminación de la Violencia contra la Mujer define los ámbitos donde produce la violencia sexual: la familia, incluidos el abuso sexual de las niñas en el hogar, la violación por el marido; la violencia sexual perpetrada dentro de la comunidad en general, inclusive la violación, el abuso sexual, el acoso y la intimidación sexuales en el trabajo, en instituciones educacionales y en otros lugares, la trata de mujeres y la prostitución forzada; perpetrada o tolerada por el Estado, dondequiera que ocurra.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

6.    CUERPO

 

CAPÍTULO I

LA VIOLACION SEXUAL

 

1.    La violencia contra las mujeres como  violación de los derechos humanos.

 

Es ampliamente aceptada la noción de que, en la medida en que somos parte de la especie humana, tenemos derecho a acceder a los más altos estándares de protección en materia de derechos humanos. A pesar de la contundencia de este principio, solo en las últimas décadas se empieza a configurar la complejidad de esta afirmación de universalidad.

Por un lado, existe un claro repertorio de características que constituyen lo humano y éste repertorio resulta ser excluyente y afirmador de desigualdades. Grandes grupos humanos no se ven reflejados en el principio de universalidad precisamente porque su pertenencia a la especie humana es particular, no “son como” y por lo tanto no se ajustan al repertorio universalizante. Como resultado, el principio de universalidad concebido así de manera tan amplia, es un obstáculo para conseguir el derecho a la igualdad.

Por otro lado, los estándares de consagración de derechos humanos se proclaman como universales, pero en la práctica no tienen capacidad de darse forma de acuerdo a las transformaciones y los cambios que constantemente se producen en el mundo. En otras palabras, lo seres humanos para los cuales son creados los estándares de protección necesitan ser definidos de acuerdo a sus respectivas especificidades.

Debido a esta dinámica entre definición y reconocimiento solamente en 1995 otra afirmación contundente aparece en escena: los derechos de las mujeres son derechos humanos. Lo humano toma otra forma, se amplía, se diversifica, se especifica. No se trata de una doble titularidad de derechos, se trata más bien del reconocimiento a la existencia legal de las mujeres como sujetos de derechos.

Evidentemente se trata de una batalla ganada por los movimientos de mujeres y feministas de todo el mundo. En este contexto el término “batalla” describe literalmente la dinámica de estos grupos. Han sido décadas de interpelar las relaciones de poder que producen relaciones inequitativas entre hombres y mujeres. Se han nombrado a los responsables de estas desigualdades y se han propuestos cambios fundamentales en la forma de entender los estándares de protección de los derechos humanos.

Las oposiciones han sido feroces, sobre todo desde los miedos atávicos y la ignorancia de los fundamentalismos islámicos y católicos. Sin embargo, luego de dos décadas y varias Cumbres Mundiales es plenamente aceptado que los derechos humanos de las mujeres son derechos humanos.

Desde la Conferencia mundial de Derechos Humanos de Viena en 1993 se insiste de manera sostenida que la situación de las mujeres en el mundo no puede ser analizada sin una categoría específica: género. A partir de entonces el término toma tanta fuerza que solamente seis años más tarde aparece en el instrumento más importante de derecho penal internacional, el Estatuto de la Corte Penal Internacional.

En este punto, resulta imposible entender la dimensión legal de los derechos de las mujeres sin una comprensión cabal de la categoría género. El término es utilizado por las ciencias sociales para analizar las complejas dinámicas de lo que en distintas sociedades se define como masculino y femenino. La construcción social de lo que es ser hombre o mujer no depende de las características biológicas sino de procesos en cambio constante. De ahí que el concepto de género se refiere a los valores, actitudes y normas que conforman la construcción social y no biológica de hombres y mujeres.

 

2.    Violación sexual

La tipificación de la violación sexual en la mayoría de los códigos penales de la región, no da cuenta de su complejidad, más bien ha sido reduccionista porque en general las normas aluden a la penetración vaginal con el pene. La violación sexual es bastante más compleja y se produce en diversas circunstancias, en condiciones de conflicto armado, en regímenes democráticos, y le sucede a mujeres de todas las edades independientemente de su origen étnico o de su condición de clase.

En Perú, la Comisión de la Verdad y la Reconciliación investigó los hechos acontecidos durante el período de violencia política entre los años 1980 y 2000. A lo largo del conflicto armado que se vivió en ese país, se produjeron numerosos actos de violencia sexual contra las mujeres peruanas por agresores provenientes tanto del Estado como de los grupos subversivos, ya sea en sus incursiones en las zonas de emergencia o durante las detenciones e interrogatorios. Los testimonios señalan que a las mujeres les introducían en la vagina cuchillos o palos. Mientras que durante el genocidio que se vivió en Ruanda en la década de los 90, se informó que las mujeres fueron violadas con navajas, chiles picantes (ají) o ácido.

 

2.1. Tipos de conductas consideradas como violencia sexual

 

La violencia sexual se produce en los cuerpos de las víctimas. Es en los cuerpos donde se concretan los actos de invasión a la integridad física, psicológica o sexual de los seres humanos. Cuando se trata de exigibilidad de derechos en casos de violencia sexual contra las mujeres, esta dimensión de corporalidad desaparece. Los cuerpos son solo un dato que es leído e interpretado desde los valores morales, las concepciones de género y los roles asignados para las mujeres por el hecho de ser tales. De acuerdo a este tipo de razonamiento, el cuerpo es solo un locus en donde se “tienen” que plasmar de manera clara las señales y las huellas que el agresor haya dejado el acto de invasión al cuerpo de las mujeres. La doctrina procesal penal las llama pruebas y sin ellas las posibilidades de acceso a la justicia de desvanecen hasta finalmente desaparecer.

Pero no solamente el cuerpo de las víctimas es “sobre-significado” por la doctrina y práctica penal, también los agresores y los espacios donde se producen la violencia sexual tienen significados y valoraciones diferenciadas. Los esposos, los soldados, los guerrilleros, los levantados en armas, los superiores jerárquicos solo recientemente son considerados como sujetos activos en materia de delitos sexuales. La división entre mundo público y mundo privado, consagra todavía inequidades respecto del acceso a la justicia. El tráfico de mujeres y la esclavitud sexual como delitos transnacionales todavía no han sido recogidos en la mayoría de las legislaciones nacionales.

En la última década se ha producido un amplio cuestionamiento a estos supuestos y se los ha cuestionado por ineficientes, por limitados, porque no reflejan la realidad y no permiten el acceso a la justicia a las mujeres víctimas de violencia sexual.

3.    La mujer como objeto sexual

 

Y ocurre que la mujer en estos discursos es una sinécdoque. Para decirlo simplemente: la mujer se define no por lo que es sino por lo que hace. Y si estamos en el tema de discursos sexuales, y estamos en estas calles de lima, lo que hace necesariamente comprometerá el órgano sexual de la mujer. Y la mujer en estas calles no es más que eso, su órgano sexual. La parte por el todo. La mujer en una chucha. Y nada más. Podríamos acudir a las generalizaciones mujer – objeto y machismo para explicar esto.

Como tendrá oportunidad de advertirlo quien se adentre en el análisis, daría la impresión, en un principio, que en el mundo hay” hembritas sanas y pendejas”. Las primeras serian la esposa, la enamorada, la que está contigo por amor, es decir las figuras femeninas cuyo contacto con el hombre no está marcado por el contacto sexual. Frente a ellas las “pendejas”, dispuestas a todos con tal de satisfacer su ilimitado apetito sexual. Obviamente, y porque a una dama, según expresión popular, “no se le debe tocar ni con el pétalo de una rosa”, los discursos de los vendedores de afrodisiacos orientan a la venta de sus productos no a las damas, no a las hembritas sanas, sino a las pendejas. a estas, cuyo instinto sexual las hace capaces de cualquier cosa, se les debe administrar cualquiera de los productos ofrecidos por el vendedor.

Los vendedores de afrodisiacos hablan, pues, de mujeres en general. De todas. y para todas son sus productos. No es asunto, entonces, de que por oposición a las sanas las pendejas sean enfermas aun cuando estos trabajadores trabajen  formalmente este concepto. La propia alquimia verbal hace que toda mujer referida en la plaza sea una “ninfómana de mierda”. Más que desviación o enfermedad estaríamos ante la norma. y si esto es así, la redención debe alcanzar a toda mujer.

La violencia sexual está más que justificada. Ha sido argumentada en la plaza, de modo que los receptores interpretan las situaciones de conducta de la interacción hombre –mujer como habituales y propicias para cualquier acto de violación. De lo que se trata es de saber analizar momentos y circunstancias y, finalmente, de acelerar un  proceso exigido por la naturaleza de la mujer.

La mujer no es más mujer. Es una simple oquedad (es una chucha). y esa oquedad inerte la ubica en su exacta dimensión, en aquella dimensión exigida por la auténtica redención.

La mujer es una parte y no es un todo. No es mujer, es chucha, así mutilada la mujer, la violencia sexual no es tal. Ni siquiera sería un asunto exclusivo de género. Cualquier persona que no hable, y  por lo tanto no existe, puede ser merecedora de esta violencia sexual.

 

 

     4. consecuencias de la violencia sexual

 

Las consecuencias de la violencia contra la mujer pueden no ser mortales y adoptar la forma de lesiones físicas, desde cortes menores y equimosis a discapacidad crónica o problemas de salud mental. También pueden ser mortales; ya sea por homicidio intencional, por muerte como resultado de lesiones permanentes o SIDA, o debido a suicidio, usado como último recurso para escapar a la violencia.

Las violaciones, torturas, abusos sexuales y otros actos de violencia impactan en los cuerpos, la salud mental, la sexualidad y la salud reproductiva de las mujeres. En sus testimonios, las mujeres que han sobrevivido a la violencia sexual acusan afecciones vaginales, enfermedades de transmisión sexual, embarazos no deseados, esterilidad.

La violencia sexual en general, y la violación sexual, particularmente tienen efectos devastadores para sus sobrevivientes. La  violencia contra la mujer establece los daños a varios niveles:

 

·         Daños físicos y fisiológicos que afectan temporal o permanentemente la autonomía sexual y reproductiva de las mujeres con consecuencias graves para su salud sexual y reproductiva; Contagio con enfermedades o infecciones de transmisión sexual, y aumento del riesgo de contraer SIDA, enfermedades inflamatorias de pelvis y cáncer cervical.

·         Embarazos no deseados.

·         Traumas emocionales profundos que se manifiestan en depresión, incapacidad de concentración, perturbaciones del sueño y la alimentación, sentimientos de enfado, humillación, autoinculpación, estrés postraumático tendencias suicidas, entre otros.

·         Problemas sexuales como frigidez, temor al sexo, funcionamiento sexual disminuido.

 

 

 

 

 

CAPITULO II

LA VIOLENCIA SEXUAL EN EL PERU

 

1.    La situación de la investigación sobre violaciones sexuales en el Perú

A pesar de las limitaciones de información, el estado de la cuestión muestra la precariedad de la situación del país respecto a este fenómeno, la alta tasa de ocurrencia del delito respecto del continente y la vulnerabilidad de las mujeres y los menores de edad, principales víctimas de este delito. La situación no ha cambiado mucho en los últimos diez años y ello evidencia las severas dificultades de las instituciones del Estado para prevenir, combatir y sancionar la violencia sexual, así como la vulnerabilidad de las víctimas y las condiciones de inseguridad en la vida cotidiana de nuestras ciudades.

El volumen de las cifras y las características de los casos muestran un fenómeno que agrieta desde adentro nuestras sociedades, exhibe en sus víctimas la brutal cotidianeidad de la violencia y recuerda el largo camino que queda por recorrer en la construcción de un país más justo.

 

1.2.        En qué instituciones se denuncian las violaciones sexuales

En el Perú, instituciones como la Policía Nacional, los Centros de Emergencia Mujer del Ministerio de la Mujer, el Instituto de Medicina Legal y el Ministerio Público registran denuncias y pericias llevadas a cabo en diferentes momentos (y, en muchas ocasiones, un mismo caso es registrado nuevamente en cada institución). ¿Cuáles son las cifras que se deben considerar? Todas las cifras tienen una función dentro del proceso de registro o dentro del circuito jurisdiccional, sin embargo, hemos optado por analizar aquellas que registra la Policía Nacional, por varias razones. Primero, la Policía recibe el número más alto de denuncias en comparación con las otras instituciones; esto se debe a la cantidad de Comisarías en el país (en comparación a las Fiscalías, Centros de Emergencia Mujer o establecimientos de Medicina Legal). En las circunstancias actuales, la Policía constituye la instancia más cercana, conocida y accesible para efectuar una denuncia (a pesar de los problemas que tiene). Esto se evidencia en el siguiente gráfico:

Segundo, si bien la apertura de los Centros de Emergencia Mujer (CEM) ha implicado un avance en el registro amigable y en el acompañamiento de las víctimas de violación (y otros actos de violencia), los 114 Centros de Emergencia que había en el país hasta fines de 2010 (Ministerio de la Mujer y Desarrollo Social 2011) son considerablemente inferiores en número y capacidad de registro, respecto de las más de 1,200 comisarías que existen (Defensoría del Pueblo 2010). Por otro lado, es recurrente que las denuncias que son registradas en los Centros de Emergencia Mujer sean también registradas en la Policía Nacional, y en menor medida directamente en Medicina Legal y en la Fiscalía. Tercero, las cifras que registra Medicina Legal corresponden a los exámenes de gineco-obstetricia y sexología, que son las requeridas por la pericia médico-judicial para los casos de violación sexual. Debe considerarse, sin embargo, que para que se practiquen estos exámenes sin costo, las víctimas de violación sexual deben haber hecho la denuncia ante la Policía o en el Ministerio Público, en donde se les debe entregar una copia de la denuncia y una orden para la atención en Medicina Legal[1]. Es evidente que si los exámenes se producen a partir de una orden de la Policía o la Fiscalía, las cifras de Medicina legal estén incluidas en las anteriores. Ahora bien, el asunto es que la cantidad de exámenes en Medicina Legal es inferior en número a las denuncias presentadas en la Policía Nacional, en gran medida debido a que después de haber hecho la denuncia en una Comisaría, muchas personas no asisten a los exámenes (y los casos no llegan al proceso judicial). Sin embargo, el número anual de exámenes gineco-obstétricos efectuados por Medicina Legal es muchas veces mayor a las denuncias registradas en la Fiscalía, lo que corrobora que la mayor parte de las denuncias se hacen inicialmente ante la Policía (y muchas veces no continúan en el circuito jurisdiccional de la denuncia).

Finalmente, es claro dentro del circuito que los ciudadanos y ciudadanas pueden acudir directamente al Ministerio Público a establecer sus denuncias; sin embargo, esto que resulta claro dentro del circuito formal y para aquellos que conocen el sistema, no es un conocimiento común entre los ciudadanos. Así, las denuncias de diversos delitos y, en este caso, de la violación sexual, tienden a llegar al Ministerio Publico después de haber pasado por la Policía Nacional o por los Centros de Emergencia Mujer (o por ambos). En parte debido al desconocimiento de los ciudadanos, a la cercanía física de las comisarías, a la distancia de las Fiscalías y la compleja burocracia del proceso. Eso explica que las denuncias que registra el Ministerio Público sean considerablemente menores que aquellas registradas en la Policía, y que incluso sean muchas veces menores a la cantidad de exámenes practicados por Medicina Legal. Por otro lado, es importante considerar que una vez hecha la denuncia a la Policía, esta está obligada a poner en conocimiento del hecho al Ministerio Público. Por ende, la menor cifra de denuncias registradas puede deberse también a que no existan medios probatorios suficientes que relacionen a la persona acusada con los hechos criminales (por lo que no todas las denuncias realizadas en las Comisarías serán valoradas como tales y un número de los exámenes practicados en Medicina Legal pueden resultar negativos)[2].

 

Hay una diferencia considerable entre los datos consignados por cada institución. Ello muestra que el circuito tiene varias posibilidades de entrada, pero que hay una concentración en la Policía Nacional. Entonces, es evidente que la Policía es la que registra el universo más amplio de denuncias y registra los casos que en su mayoría vienen o irán a otras instancias. Es una suerte de pivote de las denuncias por violación del sistema jurisdiccional, las evaluaciones médicas y las instituciones locales de asistencia.

 

Así, las cifras aparecen en minuendo, y la Policía es la institución que más denuncias registra. Los Centros de Emergencia Mujer registran denuncias que tienden a llegar también a la Policía y a la Fiscalía (pero a esta en menor cantidad que a la primera). De las denuncias que llegan a Policía, solo un porcentaje llega al circuito jurisdiccional, puesto que las víctimas renuncian a continuar el proceso, por la alta burocracia del sistema, por temor o por los costos económicos y logísticos que hay que invertir para llevar adelante un proceso judicial. Eso explica por qué solo un pequeño porcentaje de las denuncias que llegan a la Policía y aquellas que son trabajadas por la Fiscalía tienen una sentencia efectiva y condena en prisión[3]. Por otro lado, los exámenes practicados en Medicina Legal suman una mayor cantidad que las denuncias en Fiscalía. Esto se explica debido a que muchos de estos exámenes se practican por orden de la Policía y sin pasar por Fiscalía, y que después de haber sido practicados, las personas denunciantes renuncian a continuar el proceso en el Sistema de Justicia.

 De este modo, la Policía cumple una función importante en la registro de los datos. Por un lado, para muchos casos cumple una función de pivote entre los Centros de Emergencia Mujer y las instancias jurisdiccionales. Por otro lado, cumple la función de pivote en las denuncias de los ciudadanos hacia la Fiscalía (pues a pesar de que los ciudadanos podrían ir directamente a la Fiscalía, hacen antes la denuncia en la Policía). Finalmente, es, la mayor parte de las veces, el pivote entre el ciudadano y Medicina Legal. Debe entenderse que esto no le quita importancia ni funciones a ninguna de las instancias y mecanismos de denuncia, pues cada una cumple funciones relevantes y diferentes en este proceso, pero permite construir un argumento razonable para dirigirse a la cifra de la Policía como aquella más relevante entre los datos existentes.

De todos modos, hay que considerar que en la cifra de la Policía escapan aquellas denuncias que i) llegan a los Centros de Emergencia Mujer y que van directamente a la Fiscalía y ii) aquellas denuncias que llegan directamente a la Fiscalía sin mediar otra institución. Sin embargo, debido a los elementos anteriores, es posible pensar que las dos posibilidades anteriores implican solo un número menor de casos (lo que debe ser corroborado con una metodología de contraste de registros, aunque no se tiene acceso público a los datos desagregados de cada institución, lo que dificulta el trabajo de determinación del número total de denunciantes en todas las instancias).

Aun así, es fundamental considerar que las cifras que presentan las instituciones del Estado son parciales, pues hay una gran cantidad de personas que no denuncian los delitos de los que son víctimas o testigos. En el caso de las violaciones sexuales, este problema genera una gran “cifra oscura”, que no permite la medición precisa del fenómeno y que recuerda que los datos mostrados son solamente de un grupo pequeño de casos. Aunque no se trata estrictamente de violaciones, el siguiente gráfico evidencia que solamente el 16% de las víctimas de violencia familiar entre 2004 y 2009 hicieron la denuncia ante una institución del Estado. Este fenómeno alerta sobre la situación de las denuncias sobre violaciones sexuales y permite pensar en una considerable cifra oscura.

 

1.2.        La cantidad de denuncias sobre violación sexual en el Perú

A pesar de los casos no denunciados, aquello que sí se registra evidencia una situación compleja. En los últimos 15 años, los delitos de violación de la libertad sexual han representado cada año entre el 2.3% y el 5% de todas las denuncias de delitos a nivel nacional. Las tasas siguen estando entre las más altas de la región y las cifras se incrementan considerablemente en los últimos años.

 

En el año 2009, se denunciaron entre 18 y 19 violaciones al día, que distan de las 11 violaciones que se denunciaron diariamente en el año 1995. Las víctimas potenciales de este tipo de delito son las poblaciones vulnerables como las mujeres, adolescentes, niñas y niños (las denuncias de violación de varones son escasas en comparación a aquellas).

En los últimos diez años, se han presentado 63,545 denuncias por violación de la libertad sexual. Es evidente que Lima es la región del país que más denuncias concentra por el gran peso demográfico que tiene respecto al resto del país. Lima es la región que mayor número de denuncias reportó en los últimos 10 años, alcanzando el 38.4% del total, seguido por el departamento de Arequipa que obtuvo el 6% de las denuncias. Los departamentos con menor número de denuncias son Huancavelica con 0.23% de las denuncias totales de los últimos 10 años, siendo su pico más alto el del año 2000 con 34 denuncias, llegando a cero en el año 2007. El segundo departamento con menor número de denuncias es Pasco, con 0.29% del total de la década, que a diferencia de Huancavelica muestra una tendencia variable debido a que muestra ligeros incrementos de un año a otro para luego decaer.

Así como en las cifras generales, debe quedar claro que la abundancia o poca cantidad de denuncias en estos contextos no se debe necesariamente a que ocurran menos violaciones en los lugares que menos denuncias se registra, sino más bien a que las posibilidades de denuncias sean menores, que la ciudadanía no esté fortalecida o que haya impedimentos económicos, lingüísticos, de desplazamiento, etcétera, para poder realizar la denuncia. Por lo tanto, la ausencia de denuncias no significa ausencia de delitos, sino, por el contrario, puede significar severos problemas para establecer denuncias y para el seguimiento del debido proceso.

1.3.        Los detenidos e inculpados por violación sexual

Entre el año 2000 y 2009, se produjeron 63,545 denuncias por violaciones sexuales ante la Policía, pero solamente el 76.2% fueron evaluadas ante la Fiscalía correspondiente (ello puede deberse a que no se encontraron indicios suficientes que demostraran la acusación de la víctima o que no se llegó a “individualizar” a quienes cometieron el delito).[4] De las denuncias efectuadas por comisión del delito de violación de la libertad sexual ante la Policía, solamente el 62% ha implicado la detención del presunto perpetrador (lo que indica que en este porcentaje de casos han existido suficientes medios de prueba que señalan como autor de la comisión del delito a la persona denunciada.

En la última década, se detuvo a 29,149 personas inculpadas por el delito de violación sexual, lo que representa el 5.2% de las detenciones reportadas a nivel nacional en ese periodo (las detenciones registradas por este delito oscilan entre 4.3% a 5.7% de las detenciones totales registradas por cada año del periodo estudiado).

Lima es el departamento que muestra mayor número de detenciones por violación sexual, alcanzando el 28.1% de las detenciones de la década 2000-2009 (una vez más, es evidente que esto se debe al peso demográfico de la capital), seguido por Cusco que registra 7.3%. Los departamentos con menor número de detenidos por la presunta comisión de este delito en los diez años anteriores son Moquegua y Pasco, ambos con 0.5% de las detenciones del total de aquellas efectuadas por violaciones sexuales en la década.

De acuerdo al Registro Nacional de Detenidos y Sentenciados a Pena Privativa a la Libertad Efectiva (RENADESPPLE), en el año 2010 se detuvo a 2,910 personas por la presunta comisión del delito de violación sexual, lo cual representa el 4.6% del total de detenidos de ese año.

 

 

 

 

 

 

2.     El sexo y la edad de las víctimas en las denuncias por violación sexual en el Perú

 

Es una tendencia que las víctimas de violación sexual sean, en considerable mayor número, las mujeres. Tanto en situación de conflicto o invasión, como en la vida cotidiana de las ciudades modernas, esta tendencia se ha mantenido. Así, no es extraño que en el 93% de las denuncias por violación sexual recibidas por la Policía Nacional entre el año 2000 y el 2009, la víctima sea una mujer, lo que equivale a 58,874 denuncias. Solamente el 7% del total de la década (4,661) son denuncias que tienen como víctima a un varón. Es evidente que la mayor cantidad de víctimas de las violaciones sexuales son las mujeres.[5]

La distribución porcentual por sexo de la víctima durante cada año no difiere mucho del total de la década. Así, en el año 2009, el 94.6% de las denuncias a nivel nacional tienen como víctima a una mujer, mientras que las víctimas varones son solamente el 5.4% restante, lo que mantiene la tendencia de los años anteriores (incluso de 2001, que fue el año en el que se registraron más denuncias de varones víctimas de violación sexual, con 8.7% del total de ese año). De este modo, en cada año de la década el porcentaje de mujeres que ha denunciado haber sido víctima de violación sexual fue siempre mayor del 90% de las denuncias totales, mientras que el porcentaje de varones nunca superó el 10% del total anual. La distancia entre las cifras evidencia la situación de vulnerabilidad de las mujeres respecto a este delito. Al mismo tiempo, permite pensar que no se trata solamente de la ausencia de denuncia de los varones víctimas de violación.

3.1.        Sobre la edad de las víctimas en las denuncias

Si bien la mayor parte de las denuncias implican una víctima mujer, esas denuncias concentran a las víctimas en un rango de edad menor a los 18 años, de manera que las principales víctimas de violación sexual, según las denuncias que registra la Policía Nacional, son las mujeres menores de edad.

Es evidente que, en todos los años, las víctimas menores de edad constituyen más del 75% del total de víctimas de violación de la libertad sexual denunciadas a la Policía. Así, es también una evidencia que las mujeres en general, las mujeres menores de edad y los varones menores de edad son el grupo más afectado por las violaciones sexuales.

2.2.        Las principales víctimas: mujeres menores de 18 años

De cada 5 víctimas mujeres de violación, 4 son menores de edad y, del mismo modo, de cada 5 víctimas varones, 4 son menores de edad. Hay que considerar, sin embargo, que en las denuncias presentadas a la Policía, las víctimas mujeres son considerablemente más numerosas que los varones. Si bien el porcentaje de mujeres menores de edad es menor al de los varones en la proporción de cada grupo (78% y 85% respectivamente), la cifra real de la población de mujeres menores de edad víctimas de violación es ampliamente superior a la de varones, pues el 78% representa 45,736 víctimas mujeres menores de edad en la década. El grupo de personas mayores de edad es considerablemente inferior al de menores, y dentro de este grupo la concentración está en el rango que va de los 14 a los 17 años.

 

Alrededor del 10% de las víctimas son menores de edad entre los 0 y 9 años, alrededor del 25% entre los 10 y 13 años, y alrededor del 45% entre 14 y 17 años. La concentración en estos grupos de edad es evidente durante toda la década y las variaciones no han sido radicales en los años que la componen. Esto permite pensar dos cosas: por un lado, que hay una alta victimización de las personas menores de edad por su condición de vulnerabilidad, dificultad para resistirse a las agresiones y por la posibilidad de manipulación. Por otro lado, es evidente, en la mayoría de los casos, que las denuncias efectuadas en las que las víctimas son menores de edad no son hechas por ellos mismos, sino por una tercera persona. ¿Quién es este tercero denunciante? Pues normalmente un familiar consanguíneo que da cuenta del hecho a la Policía.

 

Ahora bien, que la denuncia de violaciones sexuales de menores de edad sea hecha por un tercero (familiar por lo general) muestra que i) el hecho ha tenido que ser descubierto por un tercero y, por lo tanto, no siempre es la primera vez que se ha cometido el delito con la misma víctima. Ello permite pensar que las víctimas menores de edad tienden a sufrir varias violaciones y agresiones antes de la denuncia presentada. ii) Que normalmente el agresor en el caso de las víctimas menores de edad tiende a ser alguien relacionado al núcleo familiar o a la vida cotidiana de la familia. Esta posibilidad aparece racional debido a que los menores de edad tienen un entorno de socialización y dispersión de los vínculos sociales más reducidos que quienes son mayores de edad.

 

 

3.     El estado de la víctima post-violación y su relación con el victimario

 

3.1.        Los vínculos previos entre el victimario y la víctima de violación sexual

Según los datos existentes, es posible pensar que en gran parte de los casos denunciados hay algún tipo de relación entre el victimario y la víctima, previa a las violaciones sexuales[6]. Esta tendencia aparece reflejada en la existencia de un patrón de seguimiento a la víctima, en la cercanía física y de residencia entre el victimario y la víctima o en el tipo de relación que sostenían. Sin embargo, hay un sub-registro de este tipo de relación, lo que no permite dar cuenta con precisión de la magnitud de estos casos y de los patrones espaciales, de seguimiento, residencia y vínculo entre las víctimas y los victimarios. Aun así, la información de la Policía Nacional muestra que en casi todos los años estudiados, en más del 25% del total de las denuncias, las víctimas mantenían algún tipo de “relación directa” con el perpetrador de la violación sexual.

 

Sin embargo, ¿qué significa la categoría “relación directa” para la Policía? La categoría es confusa y ha variado en los últimos años. El problema principal es que incluye solamente vínculos formalmente establecidos y reconocidos (matrimonio, filiación, relación laboral), pero deja de lado vínculos que no son estables (la amistad, por ejemplo, la relación de “enamorados”, etcétera). Eso genera un problema en la recolección y clasificación de la información sobre esta variable, pues dentro de la categoría “relación no directa” se pueden encontrar situaciones en las que la víctima y el victimario eran “amigos”, “conocidos” o “compañeros”, junto con “desconocidos”. Esto hace que el porcentaje de violaciones a “personas con las que se tiene una relación directa” sea menor a la real.

 

En aquellos casos en los que se utiliza la categoría “relación directa”, la Policía construyó subcategorías como “discípulos”, “aprendices domésticos”, “hijos adoptivos”, “hijo de cónyuge” o “menor confiado a su cuidado” (utilizados entre el año 2000 y el año 2004). Desde el año 2005 en adelante, las subcategorías cambian y se empieza a emplear “discípulo”, “hijo”, “hijo de cónyuge”, “menor confiado a su cuidado” y “pariente” (que involucraría todos los vínculos consanguíneos y los de afinidad).

 

Además, dentro de la categoría “relación no directa” se ha utilizado la subcategoría “otros”, que genera más confusiones. En esta categoría se encuentran los casos de denuncias por delito de violación a la libertad sexual en los que el perpetrador “no tenía relación directa” o “cercana” con la víctima, incluyendo como “no cercano” o “no directo” cuando el victimario es el “enamorado o enamorada” o el “novio o novia” de la víctima. Según la Policía, los enamorados, enamoradas, novios y novias, son excluidos de la relación “directa o cercana” porque “estas personas no mantienen vínculo jurídico, por afinidad o consanguíneo con la víctima”.[7]

 

En resumen, dentro de la categoría “relación no directa” están incluidos los “compañeros o compañeras”, “amigos y amigas” y “conocidos y conocidas” de la víctima (junto con desconocidos en general); y en su subcategoría “otros” están incluidos los “novios”, “novias”, “enamorados” y “enamoradas” junto con otros actores no determinados. Es evidente que este criterio de clasificación no permite una lectura profunda del tipo de relación entre víctima y victimario y oscurece una situación que parece ser recurrente: que el victimario tiende a conocer de antemano a la víctima. Esta situación permite pensar que no son necesariamente los “desconocidos” o los “extraños” los principales perpetradores de las violaciones sexuales, sino más bien, que el perpetrador está en los círculos próximos de las víctimas. Esto se debería contrastar con la información sobre el lugar en que ocurre la violación sexual, pero la información no ha sido recogida ni sistematizada por la

Policía y en las Fiscalías aparecen como datos fragmentarios (es posible entonces que muchos de estos casos ocurran en el seno del hogar, la casa-habitación-residencia o en espacios cercanos al tránsito regular de la víctima).

 

3.2.        El tipo de relación con el victimario

El 24% del total de las denuncias entre los años 2000 y 2009 hubo una relación directa entre el victimario y la víctima, reconocida por la Policía Nacional. Es decir, hubo 33,486 denuncias en donde hubo una relación directa entre la víctima y el victimario (por consanguinidad, afinidad o por un vínculo formal laboral o de docencia). Así, del total de denuncias de delitos de violación a la libertad sexual, en al menos 1 de cada 3 denuncias el perpetrador mantenía algún vínculo con la víctima (aunque es importante insistir en que este es un dato que implica un subregistro y es evidente que el número es considerablemente mayor).

 

Como se ha mencionado antes, las categorías utilizadas entre los años 2000 y 2004 son diferentes a las usadas entre los años 2005 y 2009. En el primer periodo, la categoría “Hijo o hija del cónyuge o la cónyuge” es la que tiene mayor número, con 1,707 denuncias, seguida de la categoría “menor confiado a su cuidado”. En el segundo periodo, la categoría “pariente” obtuvo 4,504 denuncias, siendo el año 2007 en el que mayor número se reportaron.

 

3.3.        Sobre el número de perpetradores en una violación sexual

Además de la relación del victimario y la víctima, es importante determinar cuántos victimarios comenten el delito. Esto es relevante porque permite determinar el modo criminal de los casos, los patrones de agresión y ejercicio de la violencia, y los mecanismos utilizados por los perpetradores. Es claro, según la información expuesta hasta ahora, que las víctimas suelen ser (en abrumadora mayoría) mujeres menores de edad. Asimismo, parece ser que en muchos de estos casos el victimario conoce de antemano a la víctima y suele ser un varón. Esto se relaciona con claridad a la data que muestra que la violación sexual es llevada a cabo por un solo perpetrador en la mayoría de los casos. Las violaciones colectivas, o aquellas llevadas a cabo por más de un perpetrador, son considerablemente menores en número.

 

El número de denuncias que se registraron con un solo inculpado fueron 57,586, que es el 91% de las denuncias reportadas entre el periodo de 2000 a 2009. Solo en 9% de los casos hubo más de un victimario, clasificados en dos grupos: las denuncias que reportan a dos violadores (que suman 4,366 en los 10 años estudiados) y el grupo de denuncias en las que se señala a tres o más personas (que suman 1,594 en toda la década).

 

La tendencia es que las violaciones suelen ser perpetradas por una sola persona (un varón adulto). Los porcentajes han variado entre 86.6% (porcentaje alcanzado en el año 2000 con 5,277 denuncias) hasta el 92.9% de los casos (reportados en el año 2009, que alcanzó 6,273 denuncias). En el caso de las violaciones llevadas a cabo por más de una persona, el porcentaje varió entre 7.1% (correspondiente al año 2009, el número más bajo de la década con 478 denuncias, de las cuales 354 denuncias sindican a dos personas como presuntos responsables por la comisión de este delito y 124 denuncias sindican que fueron 3 a más los victimarios) y 13.4% (correspondiente al año 2000, el porcentaje más elevado con 819 denuncias, de las cuales se sindica a 2 personas como autores del delito en 631 casos y a 3 o más personas en 188 denuncias).

 

3.4.        El uso de la violencia y el estado de la víctima

Si bien la violación sexual implica un delito que vulnera la libertad de las personas, no necesariamente implica otras acciones de violencia física previa o durante a la violación. Es evidente que las amenazas y la coacción psicológica son mecanismos recurrentes para perpetrar una violación; aunque algunos operadores de justicia y las fuerzas policiales siguen buscando, en muchos casos, el uso de la violencia física como elemento necesario para poder determinar si se trata de una violación o un intercambio sexual consentido. Esto, evidentemente, genera problemas en la investigación policial y en el peritaje psicológico y el posterior juicio, pues se busca un indicador de violencia física que no siempre aparece y que no es necesario para la comisión de ese delito[8].

 

Por ejemplo, el Instituto de Medicina Legal, entidad encargada de realizar los exámenes de reconocimiento de obstetricia y “sexología forense”, muestra que las víctimas menores de edad o con alguna anomalía psíquica o estado de inconciencia son, por lo general, las víctimas que menor resistencia ponen al acto sexual y en las que la violencia física previa o durante la violación no aparece regularmente, pues son fácilmente sometidas. En casos en que las víctimas están conscientes y son mayores de edad, la resistencia física puede llevar a agresiones previas, durante o después de la violación sexual, que pueden generar daños graves (Medicina Legal 2010), pero esto no siempre es recurrente. Se discute entonces si la resistencia física es un indicador necesario para determinar la violación y se contra argumenta que i) no necesariamente, pues en muchos casos el sometimiento por la asimetría del uso de la fuerza física potencial evita el enfrentamiento y la resistencia violenta; ii) en algunos casos el sometimiento y la no resistencia violenta aparecen como una reacción de la víctima para evitar daños más graves e incluso la muerte. Por lo tanto, no siempre es un indicador criminalístico determinante de la violación es el consentimiento. Sin embargo, las categorías que la Policía emplea para dar cuenta de las ocurrencias en esta variable no son del todo claras ni específicas. De acuerdo con esta clasificación, la coacción puede ser ejercida por medio de “violencia”, “amenaza” y “otros”. Lo importante de estos datos, a pesar de que sean parciales y poco claros, es que hay un alto número de violaciones sexuales en las que no fue necesario el uso de la violencia física para someter a la víctima. Esto está relacionado con i) el tipo de víctima que aparece como la más recurrente, las mujeres menores de edad, que tienen menos posibilidades de resistencia física y en las que el sometimiento resulta una estrategia para evitar daños físicos mayores; ii) el tipo de relación entre el victimario y la víctima, en la que la hipotética relación consanguínea, de afinidad o de cercanía de algún tipo, genera coacción psicológica a la víctima y no necesariamente violencia física distinta de la violación sexual.

 

Por lo tanto, este tipo de violaciones sexuales, el tipo de agresión y cantidad de victimarios hacen que se trate de un espacio de sometimiento en el que no necesariamente hay violencia física (además de la sexual) y tampoco la muerte posterior de la víctima. En efecto, en 3 de cada 4 casos la víctima fue hallada en “estado consciente” y no presenta heridas graves producto de la agresión; y en menos del 0.4% de casos totales se produce la muerte de la víctima de la violación. Es claro que la gran mayoría de las víctimas (más del 78% de los casos) está consciente cuando es “encontrada” por la Policía. En cada año, la cifra no ha sido nunca menor del 74% de todas las denuncias, oscilando entre 4,094 (cifra más baja, reportada en el año 2001) hasta 6,279 (la cifra más alta, registrada en el año 2008). Esto, además, muestra una situación concreta: que tiende a suceder que las víctimas son las se desplazan a las Comisarías después de la violación, no son los efectivos policiales los que acuden al lugar de los hechos a socorrer a la víctima (por falta de efectivos, por saturación de sus funciones, por negligencia o porque las víctimas no los llaman o no tienen medios para hacerlo o conocimiento de las vías de atención).

 

Como en algunos de los temas tratados, las categorías que utiliza la Policía no son del todo precisas. En este caso, se utiliza la categoría “consciente”, “inconsciente”, “muerto” y “traumado” para referirse al estado de la víctima después de la violación. En casi el 80% de los casos, las víctimas están conscientes y son ellas mismas las que acuden a las comisarías a presentar las denuncias (como hemos indicado, no son encontradas en la escena del crimen por la Policía o por la Fiscalía) y no siempre acuden a sentar la denuncia inmediatamente después de la violación. Por otro lado, no se determina si hay heridas ni de qué tipo (heridas leves o graves y tipos de lesiones, por objeto contundente, golpes con los puños o pies, cortes o heridas de bala). Eso impide determinar con precisión el estado de salud de la víctima “consciente”. Finalmente, hay un problema respecto al uso de la categoría “traumado”, que hace referencia a encontrar a una víctima en estado de “shock”, pero no inconsciente (el shock entendido como “una fuerte impresión después de la agresión”). En efecto, la categoría “trauma psicológico” solamente puede ser atribuida cuando la víctima ha pasado por una pericia que estudia y determina que la agresión ha dejado como consecuencia dicha situación. Esto es problemático porque, en el momento de la denuncia, en la Comisaría las víctimas no pasan por una pericia psicológica, por lo que no es posible determinar dicho estado (parece ser que la categoría se asigna según la interpretación no especializada del efectivo de turno). Posteriormente, estas categorías pueden ser utilizadas en los procesos judiciales para determinar el estado de la víctima y la gravedad del ataque sufrido, aun cuando el dato no es preciso y la información no es pericial. En efecto, por ejemplo, en el año 2008, se denunciaron 7,560 violaciones sexuales en el Perú, pero solamente 676 mayores y menores de edad pasaron la pericia del Departamento de Psicología Forense de la Policía por violación sexual (Policía Nacional del Perú 2008: 139).

 

Este problema de categorización de datos sin haber realizado una pericia hace que se construya información que no siempre es precisa. Esto sucede en el caso de la información sobre el “estado físico y mental de la víctima cuando se produjo la agresión”. En esta sección, la Policía utiliza seis categorías, que son: a) “Anomalía Psíquica”, cambiada en el año 2005 por “Anomalía Física”; b) “Alteración de la Conciencia”; c) “Retardo Mental”; d) “Incapacidad para resistir”; e) “Normal”; y f ) “Otros”. De estas categorías, “Normal” representa el 53.5% de las denuncias realizadas entre 2000 y 2009 (aunque en el año 2000 aún no existía esta categoría).

 

La categoría “normal” es tan abierta que resulta poco clara, ya que su significado puede prestarse a muchas interpretaciones. ¿Cuál es un estado “normal” y cómo es determinado? Lo mismo sucede con categorías como la “Anomalía psíquica” (utilizada hasta el año 2004) y la “Alteración de la conciencia”. Estas categorías requieren de una pericia que la Policía no hace en el momento de la denuncia (y cuya evaluación y resultado tienen métodos complejos que en el caso peruano le corresponden a Medicina Legal o incluso a la División de Psicología Forense de la Policía). Por otro lado, la categoría “otros”, como en casos anteriores, también contribuye a oscurecer parte de la información sobre las denuncias de este tipo de agresiones (es referida en dos años como ubicada por encima del 49% de las denuncias registradas por la Policía, es decir, es una de las categorías con mayor cantidad de casos, pero también la menos clara de todas). Finalmente, la categoría “Incapacidad para resistir” tampoco está determinada con indicadores concretos y diferenciables de las otras categorías. La discusión respecto a la precisión de la terminología no es manida.

 

Por el contrario, se refiere a un tema fundamental en el estudio criminológico del fenómeno de la violación sexual y permite construir un perfil de las víctimas. Pero también existe otra razón importante, y es que muchas veces el uso de estas categorías, incluso sin ser periciales y sin ser fruto de una evaluación exhaustiva, sino de una percepción del agente responsable de ingresar la data de la denuncia, puede ser utilizado por la defensa del perpetrador para indicar que la víctima “no tenía incapacidad para resistir” o era “normal” (cuya menor consecuencia negativa puede llegar a quitar el agravante al delito).

La clasificación “Normal” tiene una tendencia oscilante entre los años 2001 y 2004, siendo su cifra más baja la registrada en el año 2003, con 20% de las denuncias. A partir del año 2005, la tendencia ha sido de incremento constante, alcanzando el 84.5% de las denuncias en el año 2009. Las otras categorías con mayor número de denuncias, en el periodo señalado, son “Otros” con 22% e “Incapacidad para resistir” con 21.3%. En la primera de estas categorías se reúne una diversidad de tipos inconexos que ha dificultado su agrupación bajo un paraguas denominativo; los porcentajes de cada año son variables debido a que en un inicio (año 2000) la categoría “Normal” se encontraba incluida en la categoría “Otros”. En los últimos 3 años, la categoría “Otros” solamente alcanza el 4% de las denuncias.[9] En cuanto a “Incapacidad para resistir”, se muestra las mismas variaciones que en la categoría “Otros”, al inicio la década con 47.9%, para finalizar en el año 2009 con 8.4% de las denuncias reportadas. Con valores inferiores aparecen los estados de “Alteración de la conciencia” y “Retardo mental”, ambos con 1.2% de las denuncias realizadas en ese periodo de tiempo. La categoría con menor porcentaje entre 2000 y 2009 fue la de “Anomalía psíquica” con 0.9% de los porcentajes. Esta categoría es cambiada en el año 2005 por “Anomalía física”, pues la Policía reconoce que no puede determinar este estado pericialmente.

 

En el intento por construir una terminología ligada a la jurisprudencia, se suspende y, en ocasiones, se oscurece el dato criminalístico. Es evidente, además, que la Policía no puede determinar en una denuncia hecha en pocos minutos y que no ha pasado por la pericia i) si hay una anomalía psíquica; no puede determinar si ii) hay alteración patológica de la conciencia; iii) no puede determinar el estado “normalidad”, si es que no se hace un peritaje profundo de la víctima. Es más, esta categorización imprecisa y sin referencia científica y data criminalística en la denuncia tiende a generar interpretaciones posteriores que pueden resultar tendenciosas (si es que la víctima no está en estado de shock o “trauma”, se duda de su situación de víctima; si es que esta no presenta resistencia y está golpeada, se duda de la veracidad de la denuncia, etcétera). Esto sugiere que las categorías de uso de la psiquiatría y psicología forense sean i) determinadas por un perito o ii) utilizadas solamente en la estricta necesidad de determinar al presunto responsable y no a “evaluar” a la víctima (que es la tendencia en la criminología y el uso de herramienta criminalística contemporánea).

 

CAPÍTULO III

DISCRIMINACIÓN Y VIOLENCIA CONTRA LA MUJER.

1.    La morada.

Las actividades humanas son multidimensionales. Se trata de “la labor de nuestros cuerpos” que se refiere a todas aquellas actividades para “ganarse la vida”, para reproducir el ciclo biológico de sí mismos, reproducir la especie y reproducir la naturaleza. Se trata del “trabajo de nuestras manos” –que idea nuestra mente más allá de lo biológico–, que fabrica o realiza la interminable variedad de bienes y servicios, cuya suma total es el artificio del mundo humano[10]. Se trata de la “palabra y la acción” en la esfera de los asuntos humanos, del Estado y la sociedad42. El recogimiento en la morada, el hogar, la casa, la habitación son una mediación fundamental para humanizar estas actividades humanas, para no caer en la condición animal de la supervivencia salvaje.

 

1.2.        La destrucción de la morada.

 

La humanidad, en su inicio, se revela en la morada como lo femenino y la feminidad. La marginación de clase y la discriminación de casta, la dominación y sumisión patriarcal y la bestialidad de la violencia contra la mujer es la destrucción de la morada, de la ternura, de las relaciones respetuosas y democráticas entre géneros y edades, las familias, la amistad y la hospitalidad[11]. Es la desmesura de la supervivencia salvaje que podemos encontrar en las actividades humanas de los pobres, desiguales, discriminados y estigmatizados, que nos revelan las propias mujeres en los grupos focales realizados en Villa El Salvador y San Juan de Lurigancho.

 

1.3.        La supervivencia cotidiana.

 

La principal angustia de las madres es la supervivencia diaria, el día a día, conseguir “cachuelitos” para traer “platita” y dar de comer a hijas e hijos. Recorren toda la ciudad y su propio pueblo, los conocen como la palma de su mano. La principal preocupación de las hijas es cómo superar la triple encrucijada: “misia, chamba, cachuelo”, “¿el que estudia triunfa?” y “vivir peligrosamente y en ¿riesgo permanente?”

 

1.4.        Violencia directa y difusa.

 

La atmósfera humana de la ciudad y de las zonas de residencia (zonas peligrosas), del transporte público, de la compra diaria en el mercado, los centros educativos y el hogar es la de un hábitat urbano –público y privado– cargado de violencia directa y difusa, que discrimina a la mujer a una escala de horror. ¿Las voces de las mujeres en los grupos focales combinan percepciones surgidas del miedo y la inseguridad con hechos letales nacidos de la constatación de la supervivencia salvaje que las victimiza? La violencia está en la calle y en la casa. La angustia y el miedo materno tienen un doble signo. De un lado, por las hijas e hijos, ante el riesgo de que sean víctimas de todo tipo de infracciones y delitos; de otro lado, porque se inclinen hacia la violencia, asociándose primero a las pandillas, y luego... a la delincuencia y hasta el crimen.

 

1.5.        Una reflexión: violación y abuso sexual en la calle y en la casa.

 

El monstruoso delito de la violación y el abuso sexual contra niñas y niños, adolescentes y jóvenes adultas no se produce sólo en el espacio público sino en el privado. En este sentido, los grupos focales no logran hacer transparente esta tragedia que, probablemente, es el test más visible de la discriminación y la violencia contra la mujer. Es una discriminación de clase, de casta y patriarcal que condena a la mujer a vivir envuelta en la vergüenza y la culpa por su condición femenina. La violencia es una producción cultural humana, no una reacción instintiva[12].

 

En los grupos focales muchas veces las víctimas femeninas aparecen como las “culpables provocadoras” y el victimario masculino como “provocado en sus bajos instintos”: esta idea socio cultural y psicosomática sobre el cuerpo de la mujer y sobre la imagen pública femenina es una trampa inquisitiva de raíz patriarcal o vulgarmente machista. Bajo esta mentalidad, las niñas y los niños, objetos de violación y abuso sexual, son las no-personas, los que no tienen derecho alguno.

 

La seguridad ciudadana está claramente percibida como un problema en los espacios públicos. Cuando se pregunta por seguridad ciudadana, el tema de la violencia contra la mujer, padecida en el ámbito privado, se desdibuja.

 

1.6.        ¿nuevamente replegadas al espacio doméstico?

 

Los grupos focales nos revelan cómo los esfuerzos de las mujeres de salir del espacio privado (estudio, trabajo, organización social y política), para empezar a decidir, desde lo público, las cuestiones que afectan sus vidas y la de la sociedad en su conjunto –este proceso de construcción de su autonomía como ciudadana–, se ve fuertemente amenazado por la inseguridad, el miedo y la violencia infractora y delictiva. Este es un asunto que debe ser muy responsablemente abordado por todos y, particularmente, por las autoridades estatales[13].

 

El espacio doméstico es un lugar de violencia, tal como lo indica el estudio sobre prevalencia que realizó Flora Tristán, la Universidad Cayetano Heredia y la OMS en 2001, señalando que en Lima un 51 por ciento de las mujeres son víctimas de la violencia por su pareja en el hogar.

 

Estamos en el décimo aniversario de la Convención de Belém do Pará, la gran Convención hemisférica para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra la mujer. La responsabilidad internacional del Estado no reside solamente en el hacer sino, fundamentalmente, en el no hacer lo indispensable para que esta violencia tan masiva sea eliminada en sus causas y aliviada en sus consecuencias.

 

1.7.        La violencia de género.

 

Señalamos anteriormente las distintas expresiones de violencia –económica, cultural, social, política–, y la violencia de género atravesando las mismas, como correlato y continuidad de la desigualdad y subordinación de las mujeres en todas las sociedades, independientemente, de su sistema político y económico. La violencia ejercida sobre las mujeres es una violencia compartida por distintos países, ricos y pobres, lo que significa desmontar el estigma que vincula esta violencia con los países pobres y con los sectores sociales más marginados. Porque está demostrado que los hombres que ejercen violencia sobre las mujeres son, en general, hombres socializados e, incluso, un significativo porcentaje de ellos posee estudios universitarios. Se trata de pautas culturales arraigadas en el sistema patriarcal que constituye la base de nuestras sociedades y son las transformaciones culturales a las que tenemos que apelar para remover comportamientos y conductas basados en la dominación y subordinación de las personas. La sensibilización de la sociedad sobre esta realidad, requiere argumentos y conocimientos que legitimen las demandas de cambio, en particular, si se trata de demandas desde las mujeres.

 

1.8.        Patrones comportamiento y estereotipos de género en la ciudad.

Para ejemplificar, quiero mencionar el estudio realizado en cinco ciudades del MERCOSUR con apoyo de UNIFEM y que coordinamos desde CISCSA49. Se trata de una encuesta sobre el uso del espacio público por parte de varones y mujeres, donde interesaba indagar, además, acerca de los cambios o permanencias de determinadas conductas, de los comportamientos que la sociedad asigna a varones y mujeres y las ideas subyacentes que podrían sustentar las explicaciones acerca de las violencias ejercidas sobre las mujeres. Los resultados mostraron que, en una clasificación que diferenciaba respuestas progresistas y conservadoras en sus distintos matices, las mujeres eran en promedio más progresistas que los varones, pudiendo reconocer cambios en las maneras de pensar, inclusive con variaciones entre las distintas ciudades. Sin embargo, sorprendió verificar que aún subsisten en nuestras sociedades fuertes pautas culturales que resultan discriminatorias para las mujeres, tales como el “deber” casi excluyente para éstas, de priorizar la crianza de los hijos sobre su actividad personal (profesión, trabajo); o bien la responsabilidad de las mujeres a la hora de ser víctimas de violencia en la ciudad (por su forma de vestir, o los horarios y lugares públicos por donde transitan)[14]. La forma de socialización de niños y niñas es un aspecto determinante para la utilización y apropiación del espacio. Hay estudios que demuestran cómo las niñas tienen menos permisos para moverse y circular solas en el barrio y en la ciudad, o lo hacen en edades más tardías que los varones (andar en bicicleta por el barrio); y, por lo general, salen acompañadas o se las educa infundiéndoles el temor de lo público y de desplazarse solas, etc. Estos son, sin duda, aspectos a considerar cuando hablamos de promover transformaciones culturales.

2.    El espacio urbano no es neutro.

Si bien consideramos que una ciudad más segura se basa en la promoción de los derechos ciudadanos y de las mujeres en particular, no debemos dejar de considerar otras herramientas que sin duda aportan a la creación de ambientes más seguros. Una de estas herramientas es la planificación física del territorio. El espacio, su conformación y atribuciones no pueden resolver por sí mismos el problema de la violencia, pero tampoco es un factor neutro: puede contribuir a promover mayor seguridad o, de lo contrario, favorecer los hechos delictivos. El espacio, sus atributos, son en última instancia las relaciones sociales que posibilita. Un espacio público que fortalece las redes sociales, que promueve la interacción social, que identifica a los ciudadanos y ciudadanas con su barrio y ciudad, es sin duda un espacio cuya percepción de inseguridad será menor. En este sentido, el espacio tiene tres aspectos a considerar desde las políticas públicas: 1) la calidad y las características físico espaciales del mismo, 2) las actividades que se realizan en él y 3) quiénes utilizan el espacio. Los dos últimos aspectos dependen en gran medida del primero.

 

Compartimos con las geógrafas y sociólogas urbanas –que fueron las pioneras hace más de dos décadas en aportar una mirada de género a la ciudad– que el territorio no es neutro de género. A manera de ejemplo, podemos citar que la calidad de vida se mide entre otras cosas por el mayor o menor acceso a las actividades y servicios en general; esto depende del acceso al transporte público y la calidad de los traslados que posibilita.

Ello supone conocer que las mujeres, en mayor proporción que los varones, realizan simultaneidad de actividades complementando responsabilidades domésticas y laborales remuneradas; lo cual implica utilización de guarderías, lugares de abastecimiento, centros de salud y recreación de niños. Es decir, que los recorridos de varones y mujeres pueden diferir no solo espacialmente, sino en los horarios de traslado. Por lo tanto, conocer cómo y dónde se trasladan ciudadanos y ciudadanas es una condición indispensable para planificar, eficientemente, las redes de transporte público. La seguridad es hoy un atributo importante del espacio y, en el caso del transporte, con el cual estamos ejemplificando, implica tener en cuenta todos los componentes del sistema en su conjunto: los sitios de espera, la iluminación de los mismos, las características de los trayectos a los puntos de acceso, entre otros. Desde las políticas urbanas el diseño de estos aspectos condiciona la percepción de seguridad-inseguridad y resultan vitales para promover u obstaculizar la movilidad de las personas y en especial de las mujeres; las cuales se sienten particularmente expuestas a situaciones de agresión en espacios abandonados y sin control social.

 

 

3.    Participación de los involucrados.

 

Los aspectos señalados hasta aquí vinculados a una ciudad sin violencia hacia las mujeres, no pretenden ser únicos ni excluyentes; son sólo algunos puntos a compartir para aportar al debate. Se trata de una problemática compleja y multidimensional, que implica aspectos socioculturales, la asistencia a las víctimas, la prevención de la violencia y la promoción de los derechos es un proceso que tiene que ir indisolublemente ligado. Asimismo, es necesario incorporar los diferentes puntos de vista de los grupos sociales urbanos –sean de varones como de mujeres–, para que el diseño de estrategias aporte a la construcción de ciudades seguras. En el caso de Rosario, donde trabajamos conjuntamente con el Área Mujer del municipio (alcaldía) primero en el diagnóstico, luego la capacitación y, posteriormente, la búsqueda de posibles soluciones. Se convocó a funcionarios/as, mujeres y varones de distintos sectores sociales, académicos, organizaciones de mujeres, niños y niñas de la calle, trabajadoras sexuales, entre otros grupos. Interesaba conocer la percepción de la sociedad respecto a la violencia en la ciudad –y hacia las mujeres en particular–, incorporando también a la población generalmente estigmatizada como causal de violencia. Las propuestas que surgieron de la experiencia de Rosario apuntan a reforzar los lazos ciudadanos, potenciar los recursos institucionales existentes y redes especialmente comprometidas con las mujeres. De esta manera, se busca generar experiencias de diseño urbano y mejoramiento de la infraestructura barrial que incorpore a las mujeres como las principales protagonistas.

 

4.    Políticas con perspectiva de género.

 

Esto nos remite a la necesidad de que las políticas públicas y en particular las políticas urbanas, incluyan la perspectiva de género, lo cual requiere arbitrar los medios y las metodologías para garantizar la participación de las mujeres. Se trata de incidir en el contenido de programas y proyectos, la capacitación a los técnicos/as que diseñan las políticas y, por último, implementar mecanismos de evaluación que monitoreen los cambios o los efectos de las acciones que se implementen sobre la calidad de vida de las mujeres.

El tema que nos ocupa, la violencia hacia las mujeres, requiere sin duda del compromiso de la sociedad en su conjunto para remover los obstáculos culturales que la sostienen, pero los gobiernos locales tienen una posibilidad cierta a través de las políticas públicas de aportar a la construcción de ciudades más solidarias y seguras.

CAPITULO IV

LA VIOLENCIA QUE NO SE VE

 

1.    ¿cómo se hace invisible la violencia hacia las mujeres?

 

Una primera forma de invisibilizar la violencia de género es el desconocimiento de la magnitud de la violencia cotidiana vivida por las mujeres en las ciudades y también por el alto grado de tolerancia hacia estas conductas. Hay cinco situaciones que se configuran en estereotipos de género para ignorar expresamente o justificar la violencia de género en las calles tanto por funcionarios del Estado como de la sociedad civil.

 

El primero son los gestos, chistes, burlas y agresiones verbales, al ser miradas como objeto sexual y los comportamientos corporales invasivos de la intimidad. Estas conductas no son consideradas como plausibles de ser sancionadas y, por tanto, no son visibles para la sociedad y las instituciones públicas. Tales comportamientos machistas se aceptan (o ignoran) socialmente al asumirse de facto –abiertamente o no, conscientemente o no– que ocurren allí donde la mujer es percibida ocupando una situación subordinada frente al varón.

 

En segundo lugar, y como consecuencia de lo anterior, se relativiza o minimiza el daño y las consecuencias de estas agresiones para las mujeres (“no fue grave… no la violó”).Aquí se perciben estos hechos como actos sin consecuencias relevantes y se asume que las mujeres deben aceptarlos dada su condición subordinada. Por tanto, el que se presente no cuestionen aparece como algo excepcional y, por ello mismo, terminaría siendo aceptado como la prueba de que se trata de hechos ocasionales o tolerables; todo lo cual conduce al silenciamiento u ocultamiento del problema.

 

En esa línea, y en tercer lugar, esta violencia es considerada como fenómeno individual y psicopatológico (el agresor es un enfermo) ocultando que se trata de un comportamiento social y cultural. Cuando no se minimiza las conductas agresivas se pasa al extremo opuesto, considerando al ofensor –nuevamente– como un caso individual, excepcional y víctima de alguna patología. De esta manera, se oculta el hecho de que la permisividad para ejercer esta violencia radica en el convencimiento de que las mujeres ocupan un lugar subordinado en el hogar y en la sociedad.

 

 Pero quizás el más perverso estereotipo de género para ocultar este problema es la culpabilización de las mujeres por la agresión y maltrato de que son objeto, implicando una doble victimización y, como consecuencia, un silenciamiento futuro de sus voces (“tú te lo buscaste”, “tú lo provocaste”). De esta forma, se presenta a la víctima como ella y pretendiendo disminuir su autoestima. Esta situación estereotípica se presenta tanto en las dependencias policiales como en el propio hogar (por parte del entorno familiar). La invisibilidad del problema se agudiza al empujar a la víctima a aceptar la situación de subordinación y violencia en su fuero interno.

 

 En quinto lugar, el estereotipo se refuerza al ser asociado y focalizado en ciertos tipos de mujeres. Así, la violencia familiar se relaciona con las mujeres pobres, mientras que el abuso y acoso sexuales (al igual que las violaciones) se asocian, por ejemplo, con las mujeres jóvenes. Esto refuerza los prejuicios existentes en la materia.

 

Otra situación, especialmente preocupante, es que no se logra articular la relación que  existe entre seguridad ciudadana y la violencia en el ámbito familiar ejercida contra las mujeres. Muchas de ellas manifiestan que estar en sus casas les da cierta seguridad, sin embargo, la mayoría de agresiones la sufren en este espacio. En ese sentido, el creciente reconocimiento de la violencia doméstica y/o intrafamiliar debe conectarse con la agresión hacia las mujeres en la ciudad para lograr un enfoque global del problema.

 

En consecuencia, para implantar una política de seguridad ciudadana realmente inclusiva e integral se deben operar tres transformaciones fundamentales: 1) promover un compromiso de la sociedad con el propósito de generar un cambio social y cultural en favor del respeto a la integridad física y tranquilidad emocional de las mujeres en los espacios públicos y privados, 2) incluir la voz y experiencia de las mujeres en los lugares de discusión y decisión sobre políticas de seguridad urbana y 3) incluir una perspectiva de género y que no esté reducida a lo “delictivo”. Estamos frente a un asunto complejo que implica o involucra múltiples factores y variables. Las políticas del Estado destinadas a garantizarla deben encaminarse a la recuperación del espacio público como espacio privilegiado de socialización, inclusión e interacción ciudadana, aspectos que deben incorporarse por ser fundamentales para las mujeres Las situaciones de violencia que sufren las mujeres en las ciudades.

 

2.    Las situaciones de violencia que sufren las mujeres en las ciudades.

Hemos visto ya cómo el derecho a la ciudad por parte de las mujeres es obstaculizado por la sensación de inseguridad y el temor a ser agredidas, limitando su movilidad y autonomía para el uso, disfrute y apropiación de la urbe; particularmente, en determinados horarios y lugares considerados o percibidos como peligrosos.

 

La inseguridad de esos sitios tiene que ver con el diseño urbano; por ejemplo, con terrenos o áreas vacías, sin mantenimiento, poco o mal iluminados y con escaso o nulo tránsito de personas (sin control social), entre otras características físicas. Pero, además, se relaciona con lo que allí ocurre; es decir, la presencia de pandillas o de varones con actitudes agresivas que se apropian de calles u otros espacios urbanos para el consumo del alcohol o drogas. Asimismo, los lugares peligrosos normalmente no cuentan con redes sociales de protección entre vecinos/as y/o distintos grupos sociales, o están habitados por gente que no se identifica mucho con el lugar en que vive.

 

Las mujeres reconocen como sitios inseguros algunos parques, mercados, paraderos de vehículos de transporte público, áreas descampadas, el centro de la ciudad, cruces de calle y en semáforos cuando se transita en vehículos.

 

Otra característica de la violencia urbana, desde las voces de las mujeres, es que los agresores son mayormente varones. Se borran las fronteras, entonces, entre la violencia vivida en el espacio privado (ejercida por individuos del círculo familiar cercano) y la agresión en el espacio público (efectuada por desconocidos).

 

Por otra parte, los relatos de las mujeres hacen referencia a que cuando son víctimas de delitos como robos, asaltos o arrebatos, éstos tienen como “plus” una mayor violencia física o verbal y la posibilidad de abuso sexual o violación. Con el agravante de que ello puede ocurrir en lugares que en teoría deberían ser más “seguros”, como los vehículos de servicio público.

 

En todos estos casos se suma la (arriba mencionada) doble victimización que sufren las mujeres luego de hechos de este tipo, al intentar dar cuenta o denunciar estas agresiones en las dependencias policiales y hasta en las judiciales.

3.    Las consecuencias.

La agresión hacia las mujeres no acaba en el mismo hecho violento, sino que sigue actuando a través de sus consecuencias, ya que ellas desarrollan sentimientos que atentan contra su autoestima y seguridad; al mismo tiempo que modifican su vida cotidiana, restringiendo sus movimientos en la ciudad y los espacios públicos, así como la participación política, cultural, el esparcimiento y, en algunos casos, hasta abandonan el trabajo o los estudios. En el siguiente cuadro se resume la secuela emocional que padecen las mujeres y que se extiende en el tiempo hasta mucho después de ocurrida la agresión.

 

El miedo se vuelve así un compañero cotidiano e inseparable de las mujeres, alimentado por experiencias propias o ajenas, muchas veces traumáticas, de peligro latente o manifiesto, cuando no de agresiones graves. En consecuencia, este problema debe ser atendido por las políticas públicas y la planificación urbana.

 

Cualquier acto de violencia sufrida por una mujer afecta a todas, ya que están expuestas a esta agresión por pertenecer al mismo género; por tanto, la situación de tensión crece incluso en aquellas que no han sufrido hechos de violencia contra la mujer ya que éstos se relatan en la interacción social o por los medios de comunicación.

 

Si tales situaciones no son abordadas correctamente ni se disponen recursos sociales e institucionales para ello, se multiplicarán las acciones defensivas y las estrategias individuales, lo que implica mayor restricción de movilidad para las mujeres en la ciudad. Por el contrario, las acciones afirmativas de la ciudadanía por los derechos de las mujeres aportarán a su autonomía, libertad e impulsarán a construir respuestas basadas en la responsabilidad social

 

4.    Insuficiencia de los enfoques tradicionales de seguridad ante la violencia urbana contra las mujeres.

Para una mujer puede resultar más seguro, por ejemplo, la iluminación de un parque o calle, antes que coloquen allí un policía. Igualmente, la realización de actividades vecinales o comunitarias a determinadas horas podrían ser medidas más apropiadas que un vigilante nocturno; el cual, eventualmente, podría atacar verbal o físicamente a las mujeres en un determinado espacio urbano. Al ignorarse completamente la realidad cotidiana de las mujeres que transitan por la ciudad, las políticas de seguridad no resultan eficientes o, peor aún, no defienden los derechos humanos básicos de gran parte de la población.

 

Las estrategias de seguridad ciudadana, tanto a nivel preventivo como asistencial, no suelen reconocer que existen estas demandas específicas provenientes de las mujeres. Y cuando lo hacen, asumen enfoques inadecuados. Examinemos algunos de ellos.

 

Empecemos por la concepción asistencialista. En este enfoque, las instituciones y servicios se crean para atender la situación post-agresión; es decir, cuando las mujeres se han convertido en víctimas, no disponen de estrategias ni recursos para la prevención de las agresiones, ni para la promoción de su derecho a vivir en una ciudad sin violencia.

 

Como consecuencia y complemento de esta concepción reactiva tenemos la perspectiva victimista. Las mujeres son tratadas solamente como víctimas y no como ciudadanas con autonomía y decisión respecto de sus vidas.

 

El enfoque delegativo, en cambio, representa un avance con respecto a los dos anteriores; pese a ello, se trata de una noción limitada. En este esquema se crean organismos específicos y se capacita a su personal con el objetivo de proveer una atención adecuada que no implique una doble victimización de las mujeres. Sin embargo, no se aborda la estructura institucional en su conjunto (judicial, policial, servicios sociales, etc.), la cual mantiene concepciones erróneas acerca de la violencia contra las mujeres.

 

Finalmente, existe el enfoque que enfatiza la violencia en los espacios privados –históricamente invisibilizada y reconocida sólo recientemente–, que ha tenido como efecto no deseado una nueva invisibilización de la violencia hacia las mujeres; esta vez ejercida en el espacio público de la ciudad.

 

Por otra parte, las respuestas de la sociedad civil, salvo contadas excepciones, son individuales y reactivas. Se propone así el incremento de medidas de seguridad tradicionales, mayor control policial, la adquisición de más patrulleros, el reforzamiento de la seguridad en los domicilios particulares y su entorno; incluyendo enrejado de calles, la aparición de condominios privados y nuevas urbanizaciones cerradas, que vacían aún más el espacio público como ámbito de socialización, fragmentando las relaciones sociales.

 

5.    ¿qué estrategias podemos construir entre todos y todas?

 

A partir de lo planteado, se hace necesario incorporar la perspectiva y la experiencia de las mujeres en la planificación de políticas públicas de seguridad en la ciudad.

 

Proponemos contrastar y diferenciar la mirada sobre las mujeres: de objetos (dependientes de) a ciudadanas (autónomas). Esto permitirá avanzar en lineamientos de políticas que favorezcan su empoderamiento y plena participación en la construcción de ciudades democráticas y equitativas. En el cuadro se pueden apreciar las diferencias entre estas dos grandes visiones sobre el tema de la seguridad ciudadana para las mujeres.

 

Los medios de comunicación juegan un papel muy importante en el análisis, construcción y lectura social que se realiza de la violencia hacia las mujeres en la ciudad, así como en los estereotipos de géneros que siguen sustentando la misma. Muchas veces los medios presentan una imagen que subvalora a las mujeres, reforzando los prejuicios que ocultan la violencia de género. La opinión pública que los medios van creando (favorable, hostil o indiferente) influye, entre otros factores, en el compromiso político con el problema, la asignación de recursos para su solución y el apoyo para programas específicos de prevención.

 

En consecuencia, las estrategias para una ciudad sin violencia contra las mujeres deben contemplar un enfoque integral que explique sus causas, la ubique como un problema sociocultural, tanto en espacios públicos como privados y que oriente posibles respuestas no restringidas al ámbito policial y/o judicial. Un segundo factor es la inclusión de los aspectos referidos a la asistencia a las víctimas, a la prevención de la violencia y la promoción de los derechos de las mujeres, incluido el derecho a disfrutar de una ciudad segura y habitable. No debe olvidarse tampoco la responsabilidad de los distintos actores en el ámbito estatal, como los ministerios, los gobiernos locales y sus dependencias, los órganos judiciales, las organizaciones de la sociedad civil y especialmente las organizaciones de mujeres que trabajan y promueven sus derechos.

 

En este marco, un elemento básico es la necesidad de que las respuestas institucionales incluyan la perspectiva de género; así como establecer plazos (corto, mediano, largo) para su resolución, articulados en una secuencia de acciones a ser abordada a partir de la evaluación y monitoreo de los logros. En suma, se requiere que estas propuestas estén integradas en un plan de seguridad ciudadana que se aplique en coordinación con las organizaciones de la sociedad civil y, especialmente, con las organizaciones de mujeres.

Además, la propuesta debe considerar al menos tres grandes áreas de intervención. En primer lugar, estrategias de sensibilización. Es decir, campañas a través de distintos medios de comunicación que permitan desplegar acciones propositivas en el campo de los derechos de las mujeres, desarticulando mitos y creencias en torno al tema. Estas estrategias deben apuntar a generar conciencia respecto a la responsabilidad social y del Estado en este asunto y considerar su prevención como parte insoslayable de la agenda pública.

En segundo lugar, estrategias para el diseño urbano, el mantenimiento y mejoramiento de la infraestructura barrial y sus entornos que contemplen las recomendaciones de las mujeres, expresadas –entre otros– en los distintos estudios que presentamos en esta publicación; a saber: iluminación y señalización adecuadas, mixtura de usos que garanticen el control social de la calle y los espacios en distintos horarios, recorridos del transporte público que respondan a las necesidades de movilidad de las mujeres, seguridad en los paraderos, plazas y parques. Para ello, es necesario involucrar en el diseño, evaluación y seguimiento de las propuestas urbanas a los habitantes y en particular a las mujeres como expertas.

 

Finalmente, estrategias para articular y potenciar los recursos existentes en la administración local y otras jurisdicciones estatales, así como en las organizaciones de la sociedad civil, especialmente las comprometidas con los derechos de las mujeres. Todo esto significa recuperar los recursos institucionales estatales existentes y que se encuentran trabajando en relación con este problema. En suma, la seguridad urbana demanda generar espacios de gestión para diseñar propuestas consensuadas entre la comunidad y los gobiernos locales, articulando esfuerzos, intereses y visiones diversas que permitan consolidar los lazos existentes.

 

CAPÍTULO V

CÓMO HACER VISIBLE EL PROBLEMA

 

1.    Sensibilización de la sociedad sobre la violencia hacia las mujeres.

 

Tan pronto se evidenció ante las autoridades el problema de la violencia contra las mujeres en el espacio público, se percibió la necesidad de realizar acciones de sensibilización, información y difusión sobre este asunto hacia la sociedad. En este marco, urge visibilizar el Cómo hacer visible el problema enfatizando que la violencia hacia las mujeres es una violación a sus derechos humanos, específicamente, el derecho a la vida, a su integridad física y psíquica. En ese sentido, se requiere una crítica y deconstrucción de los estereotipos sobre lo que es ser varón y ser mujer en la sociedad, impulsando nuevas prácticas culturales y de socialización.

Ya en los grupos focales de discusión habían surgido tres propuestas: acciones educativas en distintos ámbitos de la sociedad que impliquen la resolución no violenta de los conflictos, la formación en este tema de operadoras comunitarias y estimular la responsabilidad de organizaciones locales en la reflexión y acciones de respuesta a la violencia hacia las mujeres.

 

En este contexto surgió la estrategia de construir una red interinstitucional entre las organizaciones de mujeres y de la sociedad civil y el municipio, con sus diferentes áreas, para sensibilizar a la sociedad sobre la existencia de estas agresiones, promoviendo derechos igualitarios entre varones y mujeres, propiciando cambios culturales a través de actividades recreativas y de capacitación, así como campañas en los medios masivos de comunicación.

 

Entre los recursos que ya están instalados en la ciudad y aportarían en concretar esta estrategia, se mencionaron dependencias municipales, entidades académicas e instituciones de la sociedad civil. Entre las primeras se citaron el Área de la Mujer, la Comisaría de la Mujer, Jornada Cuida Papis, Centros CRECER y Centros de Salud. En la esfera de la academia se destacó la experiencia de los Foros de Convivencia del CEIDH, así como la de los Colegios de Profesionales. A nivel de la sociedad civil tenemos organizaciones y redes de mujeres que vienen trabajando en el problema, centros comunitarios y redes vecinales, grupos de cultura (teatro, música) y medios de comunicación alternativos sensibles a los temas de género.

 

No obstante la envergadura de este aporte, se vio la necesidad de generar otros recursos para llevar a cabo esta estrategia; como, por ejemplo, construir materiales de difusión y sensibilizar/capacitar a grupos de profesionales o técnicos que trabajen en comunidades.

 

2.    Diseño, mantenimiento y mejoramiento del espacio público.

 

El diseño y la planificación urbana son cruciales en el cambio de la percepción de inseguridad existente, por lo que es prioritario reducir las posibilidades del espacio público para hechos delictivos. Se hace necesaria, entonces, la participación de los vecinos y especialmente de las mujeres en el diseño, evaluación y seguimiento de las propuestas urbanas.

 

En la etapa anterior de los grupos focales se postuló la creación y/o recuperación de espacios de recreación y deportivos para los/as jóvenes, como contribución a esta apropiación de los espacios públicos por parte de los/as habitantes de la ciudad; asimismo, se planteó la detección y eliminación de obstáculos físicos para la accesibilidad a esos lugares, así como aumentar la iluminación en los barrios.

 

En el taller participativo se desarrollaron, además, dos propuestas relacionadas con la recuperación y gestión de áreas de la ciudad por parte de los vecinos y las mujeres en particular.

En el primer caso, se trata de promover la apropiación del espacio público por la población–y particularmente por las mujeres–, mediante actividades deportivas y recreativas, fiestas y eventos populares, ferias de micro emprendimientos, recitales, entre otros. Para ello, se propuso la realización de una jornada de sensibilización para un uso diferente y disfrutable de la ciudad a cargo de las mujeres. Esta propuesta tuvo su antecedente exitoso en una jornada, realizada en el marco de otro programa, que buscaba sensibilizar construyendo conciencia sobre los derechos de los/as niños/as a transitar en los espacios públicos.

 

Se propuso también realizar una experiencia demostrativa de gestión asociada entre gobierno local y comunidad para la prevención de la violencia hacia las mujeres, que permita replicarse e incorporarla como política municipal. Dicha experiencia participativa sería llevada a cabo por la comunidad en general y las mujeres en particular, pues es evidente la necesidad de contar con sus voces y experiencias en los espacios de discusión y decisión en políticas que les atañen. Se desarrollaría en un distrito de Rosario, estimulando con la replicabilidad de la misma en otros distritos.

 

Entre los recursos instalados y que contribuirían a la implementación de esta estrategia se mencionaron, en el ámbito municipal, el Programa Rosario Hábitat, el Presupuesto Participativo y las políticas vigentes de descentralización. En el área académica se sugirió convocar a la Comisión de Mujeres Arquitectas del Colegio de Arquitectos de Rosario y a los colegios profesionales; mientras que en la esfera de la sociedad civil se contaría con consejeros/as capacitados/as del Presupuesto Participativo de distrito y organizaciones de mujeres y feministas.

 

Para llevar a cabo esta estrategia se mencionó la necesidad de incorporar el aporte del sector privado posibilitando una red pública-privada de los organismos que actúan en la ciudad, así como buscar recursos provenientes de organismos internacionales.

 

3.    Articular y potenciar los mecanismos de participación y monitoreo.

 

No es posible actualmente pensar el diseño y aplicación de políticas sociales sin la participación directa de los usuarios o beneficiarios. En ese sentido, el proyecto fue analizado –en cada una de sus fases– buscando la intervención de todos los actores involucrados, buscando en lo posible establecer canales de participación y vínculos para hacer el seguimiento correspondiente.

 

De esta manera se acordó monitorear el Plan de Igualdad de Oportunidades, el Plan Estratégico Metropolitano y el Presupuesto Participativo en defensa de los derechos de la mujer y, específicamente, en el tema de seguridad en el espacio público. Asimismo y retomando una sugerencia hecha en los grupos focales, se decidió la construcción de redes interinstitucionales sobre la temática de la violencia hacia las mujeres, a partir de la articulación territorial en los diferentes distritos municipales.

 

Los recursos identificados fueron de dependencias del gobierno local encargadas del Plan Igualdad de Oportunidades, el Presupuesto Participativo, así como el Programa de Salud Integral de la Mujer-Campaña de Prevención de la Violencia Familiar, la Comisaría de la Mujer y el Teléfono Verde. De igual forma, se cuenta con la experiencia acumulada en el Servicio Público de la Vivienda y en el Área Mujer, con trayectoria y programas en curso.

Otras instancias señaladas surgieron de la experiencia acumulada en las maestrías y grupos de investigación de la universidad, así como la red latinoamericana específica para este tema (CLADEM) y la información sistematizada sobre uso de los espacios públicos de Rosario, una encuesta de indicadores urbanos de género realizada por CISCSA.

 

Por otra parte, se observó que se requería disponer de ciertos recursos de momento no disponibles. En particular, se mencionó la elaboración de información desagregada por sexo en el área de violencia e inseguridad urbana, lograr la adjudicación de recursos propios para el Área de la Mujer Municipal, así como diseñar y producir afiches y folletos que sinteticen la información acerca de los recursos del Estado y de la sociedad civil.

 

4.    Sensibilizar y capacitar.

 

Como se indicó anteriormente, se empezó indagando y midiendo las percepciones de las mujeres sobre los temas de seguridad ciudadana a través de grupos focales y encuestas de opinión[15]. La información recopilada y el conocimiento construido por estos medios dieron sustento a las actividades de sensibilización y capacitación a las organizaciones de mujeres y funcionarios locales sobre la violencia contra las mujeres como un problema de seguridad ciudadana.

 

Para este fin se efectuaron cinco talleres, tres con organizaciones de mujeres y dos con autoridades locales y se elaboró un video motivador utilizado en la capacitación: “Ciudades seguras para las mujeres, ciudades seguras para todos”. El material recoge las principales preocupaciones del estudio y, además, las percepciones de los decisores de políticas[16].

 

4.1.         Acompañando la reflexión de las mujeres.

 

Los dos eventos con mujeres en Villa El Salvador se realizaron el 12 y el 22 de octubre de 2004 respectivamente, con una asistencia de 37 personas. Participaron integrantes de la FEPOMUVES, promotoras y orientadoras legales, representantes del Centro de Emergencia Mujer, juntas vecinales y dirigentas de otras organizaciones. En San Juan de Lurigancho el taller se efectuó el 9 de noviembre de 2004. Participaron 12 dirigentas de las diferentes organizaciones de mujeres, entre ellas promotoras de salud y del Servicio Integral de Salud de la Mujer (SISMU).

 

En estos encuentros se expusieron experiencias locales, internacionales y los avances y Mujer y Hábitat en Latinoamérica y el Caribe y REPEM. Un segundo momento fue la elaboración de un diagnóstico participativo sobre la situación de seguridad de las mujeres en el distrito y propuestas de políticas en seguridad ciudadana, que contemplen estrategias de prevención y protección contra la violencia urbana[17].

 

Los talleres contaron con metodologías participativas, intervención de reconocidos especialistas en el tema de seguridad ciudadana, como los del Instituto de Defensa Legal (IDL)32, haciéndose uso –entre otras– de la técnica del mapeo, la cual permitió visibilizar los espacios peligrosos y plantear estrategias para cada uno de ellos.

 

4.2.         Incidiendo en las autoridades locales.

 

El taller con funcionarios/as del sector público se realizó el 16 de noviembre de 2004 y participaron 67 personas entre funcionarios y funcionarias del Programa de Seguridad Ciudadana de la Municipalidad de Villa El Salvador, el Serenazgo, la Oficina de Participación Ciudadana de la Policía Nacional y coordinadores de las juntas vecinales.

En San Juan de Lurigancho, el evento se llevó a cabo el 11 de noviembre del mismo año y participaron 37 personas, incluyendo funcionarios de la Oficina de Participación Ciudadana de la Municipalidad, el Centro de Emergencia Mujer del Ministerio de la Mujer y Desarrollo Social, la Mesa de Concertación de San Juan de Lurigancho, entre otros.

En este caso, se presentaron las experiencias de trabajo en el tema por el municipio distrital de Villa El Salvador con la Policía Nacional, así como el diagnóstico obtenido mediante los grupos focales y los talleres con organizaciones de mujeres. Además, se elaboraron propuestas de políticas en seguridad ciudadana que comprendan estrategias de prevención y protección de las mujeres en espacios públicos[18].

Las metodologías empleadas fueron similares a las de los tres eventos citados anteriormente.

Hubo, en el taller de Villa El Salvador, dos exposiciones de autoridades locales que presentaron la situación de la seguridad en el distrito a partir de las cuales se puso en debate el Plan de Seguridad Ciudadana.

En ambos distritos se tuvo la presencia de autoridades locales –como los alcaldes de ambas municipalidades–, los respectivos jefes responsables de Policía Nacional y los profesionales del IDL.

 

Como se puede apreciar, el proceso de sensibilización y capacitación en los dos distritos limeños fue gradual y acumulativo. Se partió de los resultados de las investigaciones realizadas, las que se trabajaron en los talleres con organizaciones de mujeres y de la sociedad civil[19]. Luego, estos avances se incorporaron al temario de los eventos con funcionarios de ambos gobiernos locales, quienes a su vez presentaron sus propios enfoques al tema. De esta manera, se fueron construyendo las estrategias para que la perspectiva de género sea incluida en las políticas de seguridad ciudadana de manera concertada.

En el siguiente acápite presentamos dichas estrategias.

 

4.2.1.   Construcción de estrategias con perspectiva de género.

 

Uno de los principales logros de los talleres realizados fue el diseño de propuestas de estrategias de seguridad ciudadana desde un enfoque inclusivo y participativo, comprendiendo la perspectiva de género y que puedan constituirse en experiencias a ser replicadas. A continuación reseñamos sucintamente las dos estrategias acordadas en ambos distritos.

 

a)    Influenciar en las políticas públicas locales.

Interpretando el sentir expresado en los grupos focales y encuestas de opinión, se planteó ejecutar acciones para mejorar la infraestructura urbana y, específicamente, la iluminación de calles y parques, el cierre de terrenos descampados, la creación de espacios de esparcimiento –como parques y campos deportivos–, así como promover actividades recreativas, culturales y de información.

 

Un segundo rubro de acciones propuestas tiene que ver con el transporte urbano. Básicamente, se trata de normar el funcionamiento de los buses, taxis y mototaxis, así como la identificación de los choferes y de los vehículos que transitan en ambos distritos.

Otro punto destacado fue adecuar las rutas de transporte y la ubicación de los paraderos, de tal forma que favorezcan la movilización y seguridad de las mujeres.

Estas medidas están destinadas a promover y estimular el acceso y disfrute de la ciudad para las mujeres. Sin embargo, hacerlo posible requiere afectar partidas del presupuesto participativo, asumiendo éstas y otras acciones que mejoren la seguridad ciudadana y se encaminen a eliminar la violencia contra la mujer.

 

El primer paso en este sentido, también propuesto en la estrategia, fue integrar dentro del Plan del Desarrollo distrital la problemática de la violencia hacia la mujer tanto en los espacios públicos como en los privados[20]. Y como instrumento de fortalecimiento de la institucionalidad local se postuló que el Comité Distrital de Seguridad Ciudadana en ambos distritos integre a las redes, instituciones y organizaciones de mujeres que se encuentran trabajando en el problema de violencia hacia la mujer; y que con su aporte se trabajen propuestas conjuntas en el Plan Local de Seguridad Ciudadana.

 

b)   Posicionar el enfoque de género mediante actividades de sensibilización y capacitación.

 

Establecida la necesidad de que las autoridades locales tomen cartas en el asunto, se propuso actividades destinadas a ampliar gradualmente la sensibilización y capacitación en la sociedad civil. En este punto, se planteó la realización de eventos sobre violencia doméstica, acoso sexual y violencia sexual; así como capacitar a las instancias encargadas de la atención a mujeres –comprometiendo específicamente a la Policía Nacional y Serenazgo– de tal forma que mejore la atención brindada a las mujeres que recurren a dichos servicios. Esta capacitación deberá extenderse a los y las integrantes de las juntas vecinales.

 

También se constató la urgencia de realizar talleres de capacitación sobre seguridad urbana para las mujeres del distrito; especialmente, a las líderes que integran los comedores populares, comités de vaso de leche y otras organizaciones[21]. Asimismo, se mencionó a las dependencias del Ministerio de Educación en la tarea de prevención mediante charlas a los padres y madres de familia y a los/as escolares[22].

Para apoyar estos objetivos se han producido materiales que informan de los problemas frecuentes y las estrategias planteadas en los talleres.

 

5.    Compromisos y avances con las autoridades locales.

 

Las actividades realizadas han conseguido que las autoridades locales visibilicen el problema, lo cual se evidenció en el compromiso público firmado por las representantes de las municipalidades de San Juan de Lurigancho y Villa El Salvador.  En este documento, los gobiernos locales de estos distritos se obligan a desarrollar programas y acciones para prevenir y resolver los problemas en torno a la seguridad de las mujeres en la ciudad.

 

Sobre esta base se entregó a ambos municipios un proyecto de ordenanza34 que comprometió a los gobiernos locales de San Juan de Lurigancho y Villa El Salvador para el desarrollo de políticas públicas e instancias de apoyo a las mujeres que sufren violencia. Asimismo, se tomaron acciones para estrechar lazos entre Flora Tristán y los gobiernos locales a fin de empezar a implementar líneas de trabajo a favor de ir superando este problema, las que se detallarán en el siguiente capítulo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

7.  CONCLUSIONES

 

 

A modo de finalizar esta agradable y fructífera monografía sobre violación en el Perú, de manera grupal, podemos indicar que este trabajo ha sido un total aprendizaje para cada uno de nosotros, esta experiencia, dudo mucho que se nos borre en poco tiempo de nuestra cabeza y de nuestros corazones, mediante la investigación de este trabajo, y la variedad de información y estadísticas leídas y revisadas, podemos decir a una sola voz: “NO A LA VIOLENCIA”, “NO A LA VIOLENCIA SEXUAL”. Es una realidad horrorosa la que vive nuestro país desde hace muchos años, es desagradable poder evidenciar tanta crueldad, tanta maldad, y tanto odio, puede llegar a sentir un ser humano, para abusar sexualmente de otra persona totalmente indefensa, de aprovecharse de sus limitaciones para burlarse y destruirle la vida. En nuestra actual realidad no existe el respeto por las demás personas, tanto es así que existe casos en los que ni los propios padres respetan a sus hijas, al extremo de violentarlas sexualmente, obligándolas a tener intimidad con ellas, y amenazándolas para no decir, nada y tener que soportar esta agonía día a día.

Mediante esta investigación queremos hacer un llamado de AUXILIO, para estas personas, pidiendo total apoyo del gobierno, para poder confrontar y erradicar esta problemática, que sin duda alguna ha cobrado muchas muertes de personas con mucho futuro, pero no solo físicas sino psicológicas y sobre todo espirituales.

 

 

 

 

 

 

8     . REFERENCIAS BIBLIOGRAFICAS

 

  1.   Arce Gallegos, Miguel. (2010) El delito de violación sexual-análisis dogmático, jurídico-sustantivo y adjetivo. Colombia. Editorial Adrus.

 

  1. Echeburúa, Enrique. (2006). Personalidades violentas. España-Madrid. Editorial Piramide.

 

 

3.    Giberti, Eva. (2005). Abuso sexual y malos tratos contra niños, niñas y adolescentes (perspectiva psicológica y social). Argentina-Bs. Aires. Editorial Espacio.

 

4.    Villanueva flores, Rocío. (2000). La violencia sexual, un problema de seguridad ciudadana: las voces de las víctimas. Lima.Editorial Desa.

 

·         LINKOGRAFIA

 







-          http://www.adolescentes.about.com/od/sexo/a/Violencia-Sexual-En-La-Adolescencia-2.htm

 

Anexo 1

Número de denuncias de delitos de violación de la libertad sexual en el Perú entre 1995 y 2009

 

 

1995                                                                                 4153 

                                                     

1996                                                                                      4498

 

1997                                                                                          4807

 

1998                                                                                         4677

 

1999                                                                                                5762

 

2000                                                                                                                6096

 

2001                                                                                              5477

 


2002                                                                                                   5968

 

2003                                                                                                   5928

 

2004                                                                                                  5721

 

2005                                                                                                                   6268

 

2006                                                                                                                    6569

 

2007                                                                                                                       7208

 

2008                                                                                                                         7560

 

2009                                                                                                                   6751

 


2010                                                                                                                               33,420

 

2011                                                                                              5286

 

2012                                                                                            5236

 

2013                                           317

 

Elaboración propia

Fuente: Policía Nacional del Perú 2000 2001 2002 2003 2004 2005 2006 2007 2008 2009 Tota



[1] Se ha empleado la misma metodología que emplea la OEA para el cálculo de la tasa de casos sentenciados de violación (Organización de Estados Americanos 2010). La fórmula empleada es: TDV = (NDV/PT) x 100,000 habitantes. En donde TDV = Tasa de denuncia de delitos de violación a la libertad sexual; NDV= número total de denuncias de delitos de violación a la libertad sexual reportadas a la PNP en el año; PT= población total del año.
 
[2] Para el año 2009, el Ministerio Público contabilizó 1,012 fiscalías operativas a nivel nacional (1 Fiscalía de la Nación, 5 Fiscalías Supremas, 191 Fiscalías Superiores y 815 Fiscalías Provinciales). De estas Fiscalías, el 17.4% se encuentran ubicadas en el departamento de Lima (Ministerio Público 2009: 13). De las 815 Fiscalías provinciales, el 35.7% son penales; en ellas se reciben las denuncias por delitos contra la libertad sexual que se dieron en la Policía Nacional del Perú o en la Fiscalía de turno.
 
[3] El Código Procesal Penal utilizado es el del Decreto Legislativo N° 638, del 27 de abril de 1991. No se emplea el Nuevo Código Procesal Penal porque aún no es vigente en Lima para delitos ordinarios como el  de violación sexual, sino solo para casos de corrupción.
 
[4] Para el año 2009, el Ministerio Público contabilizó 1,012 fiscalías operativas a nivel nacional (1 Fiscalía de la Nación, 5 Fiscalías Supremas, 191 Fiscalías Superiores y 815 Fiscalías Provinciales). De estas Fiscalías, el 17.4% se encuentran ubicadas en el departamento de Lima (Ministerio Público 2009: 13). De las 815 Fiscalías provinciales, el 35.7% son penales; en ellas se reciben las denuncias por delitos contra la libertad sexual que se dieron en la Policía Nacional del Perú o en la Fiscalía de turno.
 
 
[5]  El Código Procesal Penal utilizado es el del Decreto Legislativo N° 638, del 27 de abril de 1991. No se emplea el Nuevo Código Procesal Penal porque aún no es vigente en Lima para delitos ordinarios como el de violación sexual, sino solo para casos de corrupción.
 
[6] Durante el transcurso de esta investigación, se solicitó a la Policía Nacional informarnos de qué tipo y cuántas son las denuncias subsumidas en la categoría “Otros”. No hubo una respuesta por escrito, pero los funcionarios de la Dirección de Estadística del Estado Mayor de la Policía indicaron verbalmente que el término “otros” no ha sido desagregado en grupos y que la clasificación encierra diversos tipos de casos, y una gran parte de estos implica una relación entre el victimario y la víctima.
[7] Durante el transcurso de esta investigación, se solicitó a la Policía Nacional informarnos de qué tipo y cuántas son las denuncias subsumidas en la categoría “Otros”. No hubo una respuesta por escrito, pero los funcionarios de la Dirección de Estadística del Estado Mayor de la Policía indicaron verbalmente que el término “otros” no ha sido desagregado en grupos y que la clasificación encierra diversos tipos de casos, y una gran parte de estos implica una relación entre el victimario y la víctima.
 
[8] a complicada categoría “Otros” desciende sensiblemente hasta ubicarse en valores porcentuales de un solo dígito. Asimismo, la frecuencia de las denuncias en las que la víctima manifestó incapacidad para resistir la agresión desciende claramente y se incrementa, más bien, el porcentaje de aquellas denuncias en las que la víctima tenía una condición denominada “Normal”.
[9]  La complicada categoría “Otros” desciende sensiblemente hasta ubicarse en valores porcentuales de un solo dígito. Asimismo, la frecuencia de las denuncias en las que la víctima manifestó incapacidad para resistir la agresión desciende claramente y se incrementa, más bien, el porcentaje de aquellas denuncias en las que la víctima tenía una condición denominada “Normal”.
 
[10] Hannah Arendt, La condición humana, Barcelona: Paidós, 1993.
[11] Comisión Nacional de Juventudes (CONAJU), Una apuesta para transformar el futuro: lineamientos de políticas de
juventudes 2005-2015. Lima: octubre de 2004, pp. 11 a 18. Mimeo.
[12] James Gilligan, Violence: Reflections on Our Deadliest Epidemic, Londres: Jessica Kingsley Publishers, 2002.
[13] Ver Organización de los Estados Americanos, Corte Interamericana de Derechos Humanos, “Convención
interamericana para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra la mujer” (Artículo 2, Definición de la violencia contra la mujer, Capítulo II: Derechos protegidos y Capítulo III: Deberes de los Estados) en: Documentos básicos en materia de derechos humanos en el sistema de Naciones Unidas e Interamericano, Lima: Ministerio de Justicia, Consejo Nacional de Derechos Humanos, 2002.
[14] Feminista y arquitecta urbanista. Vive y trabaja en Córdoba, Argentina. Ejerce la docencia en la Universidad
Nacional de Córdoba y dirige CISCSA, organización no gubernamental que trabaja temas vinculados a políticas
públicas y los derechos de las mujeres. Actualmente CISCSA coordina la Red Mujer y Hábitat de América Latina
e integra la Comisión Huairou, coalición de redes de mujeres conformada en Beijing en la Conferencia sobre la
Mujer en 1994. El presente texto fue una exposición realizada en la II Conferencia Internacional Bogotá 2004
“Ciudades seguras para mujeres y niñas”.
[15] Las ordenanzas son normas emitidas por las municipalidades con carácter obligatorio dentro de su jurisdicción.
[16] Se trata de mujeres que voluntariamente trabajan en los temas de salud en cada barrio y con las cuales Flora
Tristán desarrolla programas de prevención y atención a la violencia contra la mujer.
 
[17] La Mesa de Concertación para la Lucha Contra la Pobreza (MCLCP) es un espacio de toma de decisiones en el que participan instituciones del Estado, los gobiernos locales, las diversas instancias de la sociedad civil, las iglesias y la cooperación internacional, con el fin de ponerse de acuerdo mediante el consenso, sobre la forma más transparente, justa y eficiente de luchar contra la pobreza en cada departamento, provincia y distrito del Perú; actualmente, hay alrededor de 1.288 MCLCP en todo el país. Esta instancia fue creada oficialmente el 18 de enero del 2001 mediante D.S.01-2001-PROMUDEH.
 
[18] Asimismo, se contó con un equipo de capacitación integrado por especialistas en género y seguridad ciudadana de la institución y con otros y otras expertas de instituciones que abordan la seguridad ciudadana desde un enfoque de derechos humanos.
 
[19] Las organizaciones sociales son instituciones de participación comunitaria que surgen por las necesidades que tienen los pobladores, especialmente, los grupos más vulnerables: madres, niños y ancianos. Estas organizaciones, que agrupan a la población de menores recursos económicos, son los clubes de madres, comités de vaso de leche, comedores populares, “wawa wasi” (guarderías infantiles comunales) y otras como juntas vecinales, asilos, albergues, etc.
 
[20] Versiones resumidas de las ponencias de los Dres. Susana Villarán y Manuel Piqueras del IDL se presentan en el capítulo 5 de la presente publicación.
 
[21] Se trata de un servicio de salud implementado por Flora Tristán, en cogestión con el comité del vaso de leche local, que funciona desde 1989 en ese distrito. Desarrolla un modelo de atención que integra un servicio de salud especializado para mujeres con acciones de información y educación, campañas masivas y capacitación de recursos comunitarios; y brinda un servicio de consejería, en un espacio diferenciado de la consulta, lo que permite un abordaje a profundidad de los diversos aspectos de la salud reproductiva y de la propia problemática de las mujeres.
 
[22] Son servicios públicos especializados y gratuitos de atención integral y multidisciplinaria para víctimas de violencia familiar y sexual, dependientes del Ministerio de la Mujer y el Desarrollo Social.