Tradicionalmente, cuando hablamos de género, es frecuente circunscribirlo de manera automática a la situación de exclusión y subordinación a la que han estado sometidas y expuestas las mujeres en una organización social patriarcal como la nuestra, sin embargo, los estudios de género, comprenden también el estudio y preocupación por la situación del hombre y los procesos de construcción social de la masculinidad.
El género puede entenderse como una categoría relacional, que refiere a como se construyen las identidades femeninas y masculinas, los significados sociales y culturales que les son atribuidos a partir de sus diferencias biológicas y como estas se materializan en la acción social sexualizada.
Si bien es cierto, las mujeres han sufrido de manera directa los impactos del patriarcado y el sexismo, así como, su expresión y manifestación en formas como el machismo, la violencia, entre otros, y de que los hombres gracias a su condición de hombres y su apego a la expectativa social de una masculinidad hegemónica han garantizado su acceso al sistema de privilegios, (poder, riqueza, prestigio y conocimiento), también serán significativamente afectados por la organización social androcéntrica y falonarcisista que les es impuesta.
En nuestra dinámica social, a los hombres les ha sido concedida la actividad, la seguridad, la promiscuidad, la racionalidad, la fuerza, la delegación, la dominación, la autoridad, la violencia, la agresividad, la verdad, como elementos por naturaleza constitutivos de su condición de hombres, donde además serán considerados como personas justas, éticas y lógicas.
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